El penúltimo raulista vivo

El nuevo muñeco del pim, pam, pum

Di María estuvo muy bien en Varsovia. Ojalá siga. El problema de Ángel, y ya quedó dicho hace tiempo, no es del Real Madrid con el jugador, con quien por cierto tiene contrato en vigor hasta el año 2016, sino del futbolista, que piensa que se ha ganado sobre el campo una mejora económica importante. Él piensa eso pero en el club piensan que los contratos están para ser cumplidos tal y como se redactaron y firmaron en su día. No hay tira y afloja ni, como he leído por ahí, Di María se ha reivindicado ante la Fiorentina: la obligación del futbolista consiste en entrenar y jugar bien y la del club consiste en pagar religiosamente al jugador y mimarle para que luego esté en disposición de ofrecer su mejor versión sobre el terreno de juego. Ojalá se quede Di María, ojalá se lo ponga dificilísimo a Ancelotti, pero el chico quiere salir y si PSG o el United llegan con 75 millones de euros habrá que ponerle un puente de plata (o de oro) para que lo haga.

Me hace gracia porque lo más agradable que se dijo de Di María en 2010 fue que era un capricho de José Mourinho, un jugador que de ningún modo valía los 35 millones de euros que se pagaron por él, otro favor que se le hacía a Jorge Mendes. Eran los tiempos de la "conexión portuguesa" que, con el devenir de los acontecimientos, acabó convirtiéndose en el "clan portugués", que resulta bastante más ofensivo. Di María fue el primer fichaje de Mourinho y, si ahora acabara yéndose por 75 millones, el club habría ganado 40 en 4 años, diez kilos por temporada. No está mal la operación. Pero insisto: ojalá se quede porque, tal y como adelantó Mourinho, es buenísimo, y porque en el fútbol no abundan los extremos zurdos como él. Como, con Cristiano y con Bale galopando por las bandas, Ángel no tenía la plaza asegurada ni por la izquierda ni por la derecha, Ancelotti le reubicó en el centro del campo. Aquello, según los expertos, iba a acabar en tragedia porque ni Bale, que estaba herniado, sabía jugar por la derecha ni Di María por el centro. Pero miren ustedes por dónde Di María y Bale resultaron fundamentales en la consecución de la Copa y de La Décima.

Di María no sabía jugar por el centro... pero supo. Bale no sabía jugar por la derecha... pero lo hizo de forma soberbia. Y ya estaba yo echando en falta que se dijera de James que su posición no es la de falso 9 y que Ancelotti lo va a tener en chino para buscarle un sitio en el once titular. De ahí a que se afirme, como se hace habitualmente con Benzema, que el colombiano juega porque lo ordena el presidente va sólo un paso. Porque, y lo digo desde el profundo conocimiento que tengo en materia de tattaglismo, nadie debería dudar en absoluto que James Rodríguez se va a convertir de aquí a un rato en el nuevo muñeco del pim, pam, pum. Por ahora, y para abrir boca, ya se está dejando caer sibilinamente y como quien no quiere la cosa que si Di María se va es porque alguien trajo a James cuando no es así: James vino porque Di María se quiere ir. Ojalá no lo haga, desde luego. Ojalá se quede. Ojalá siga para escarnio de todos aquellos piratas que hace 4 años enarbolaron sin motivo contra él la tibia y la calavera, dijeron que era un manta y hoy le escriben poemas de amor muy cursis como si no hubiera un mañana sin él. Pues lo habrá. Y, por cierto, con Bale por la derecha.

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