El penúltimo raulista vivo

El mordisco

Es tan aguda la inquina que todo lo que huela a FIFA despierta entre los aficionados que existe cierta tendencia a ponerse siempre instintivamente del lado del otro sea quien sea. "El otro" en este caso es el delantero Luis Suárez, castigado por el máximo organismo del fútbol mundial a nueve partidos y cuatro meses de sanción por haberle pegado uno de sus famosos bocados al defensa italiano Chielini y sacado a empellones de la concentración uruguaya en Brasil. Sólo faltó ponerle al chico unas esposas porque vigilante de seguridad acechando sí hubo e incluso cortó tajante las despedidas como se cortan de repente y en el peor momento (cuando van a decir "te quiero") esos teléfonos de la cárcel que vemos a veces en las películas y que sirven para que preso y familiar charlen a toda prisa a través de una mampara de cristal habitualmente sucia.

Sí, de acuerdo, la sanción es muy dura y el modo de repatriar a Suárez un tanto melodramático y ridículo pero lo único cierto es que el jugador lleva ya veintiséis partidos de sanción por morder, ocho por conducta racista y uno por hacerle la peineta a los aficionados del Fulham. Chielini, claramente afectado por lo que podríamos denominar la versión odontológica del síndrome de Estocolmo, ha apelado a la infancia difícil que tuvo el uruguayo pero Teresa de Calcuta también lo tuvo difícil y a ella no le dio por ir agrediendo a la gente sino por fundar la congregación de las Misioneras de la Caridad. Por mucho que nos caiga mal Blatter, que nos cae, no se puede blanquear la acción de Suárez, que es a lo que se han dedicado Mujica, Maradona o Tabárez, del mismo modo que, salvando por supuesto todas las distancias, no se podrían blanquear las acciones de Jesse James por mucho que a éste le interpretara años más tarde en el cine Tyrone Power o muy mal que nos cayera la Agencia de detectives Pinkerton.

Pero no existe nada poético en el mordisco de Suárez a Chielini, nada romántico. No es gracioso. Ni da tampoco para ilustrar camisetas con la foto del jugador del Liverpool, club que ya ha mostrado su disgusto y expresado su vergüenza. La FIFA es un organismo compuesto en su inmensa mayoría por gente gris y mediocre que, como sucede con la rémora y la mantarraya, se dedica a vivir alegremente de lo que el futbolista levanta a su paso del fondo marino, que en este caso es el campo de juego. La condena moral me parece inoportuna y la sanción deportiva exagerada y teatral pero Luis Suárez no puede ir más por ahí mordiendo a la gente. Ojalá me equivoque porque me parece un grandísimo goleador pero da toda la impresión de que es mercancía averiada de la que todos quieren alejarse como si de un apestado se tratara. Todos... salvo el Barça, que quiere sacar tajada y pegarle un mordisco, éste económico, al Liverpool llevándose al jugador a la baja: son las cosas del okupa Bartomeu.

A continuación