El penúltimo raulista vivo

El mirón

Hay algo que tendrá el Real Madrid en la próxima Final Four de lo que, salvo quizás Montepaschi Siena, carece el resto: nada que perder. Con esto quiero decir que nadie daba un euro (un céntimo de euro quizás sí) por el equipo blanco al comienzo de esta temporada; el campeón, salvo morrocotuda sorpresa, iba a ser el Barcelona, y para las otras tres plazas de vouyeurs se apostaba por un griego, si no dos, un italiano y, en caso de hacerlo por otro español, decididamente por el Caja Laboral. El Madrid seguía siendo un buen equipo y con jugadores jovenes, con proyección de futuro y en formación como Tomic, Mirotic o el propio Carlos Suárez; en definitiva: el proyecto blanco era a medio o largo plazo y se esperaba de él que alcanzase con sufrimiento los cuartos de final y allí cayese con dignidad.

Pero hete aquí que, transcurridos tres lustros y muchas lunas desde la última ocasión, el Real Madrid de futuro, el mirón, se cuela en una final de cuatro en la que únicamente estará él como representante del baloncesto español. Y en Barcelona tendrá que notarse que este equipo que sigue en formación, sí, que está haciendo las cosas despacito, también, tiene mucho más que ganar que perder. Ayer se notó justo lo contrario: a Tucker, que empezó a tirar triples en Ohio, se le encogía la mano; a Suárez, Tomic y Mirotic también. Se les encogía la mano porque mientras jugaban, mientras pasaban o tiraban, pensaban en la catástrofe que supondría no clasificarse para la Final Four jugándose el quinto y decisivo partido en casa, con el pabellón a rebosar y ante un outsider total.

Pues bien: a ese factor psicológico deberá darle ahora la vuelta Molin. En Barcelona deberá notarse que Maccabi y sobre todo Panathinaikos, que eliminó al favorito número uno indiscutible para ganar la competición al organizarse en la ciudad condal, se juegan mucho más. Si Lele logra eso, el Real Madrid tendrá muchas posibilidades de darle la vuelta a la tortilla. Por otro lado, ya verán ustedes como dentro de tres o cuatro días alguien dirá que esta es la victoria de Messina y que su portazo ha conseguido justamente lo que pretendía: encorajinar a los suyos. Pero eso será mentira. El éxito de la Final Four es de los que están, de Reyes, Llull, Prigioni o Molin, y no del que se fue dejando absolutamente tirado en la cuneta al equipo que confió en él. Quien diga que éste es el éxito de Ettore me tendrá belicosamente enfrente. Y ahora no es tiempo para guerrear sino para disfrutar. ¿El plus?... Ganar la Copa de Europa en Barcelona. ¿Se imaginan?

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