El penúltimo raulista vivo

El Ministerio del éxito

Es un hecho que el fútbol carece absolutamente de memoria. Que se lo pregunten, si no, a Bernd Schuster, insultado con tres camisetas distintas: con la del Barcelona por la afición del Real Madrid, con la del Real  por las aficiones del Barcelona y del Atlético de Madrid, y con la del Atleti por los madridistas. Ni que decir tiene que hay trasvases más difíciles para quien osa acometerlos, como, por ejemplo, irse del Sevilla al Betis o al revés. Cuando, después de darlo todo por la camiseta merengue durante ocho temporadas, Uli Stielike, santo y seña del madridismo de esos años, regresó al estadio Santiago Bernabéu con la camiseta del Neuchatel suizo, la afición del Real fue inmisericorde con él, y especialmente duro sobre el campo se mostró Juanito, que debía tener cuentas pendientes con el extraordinario defensa alemán.

No he pasado más vergüenza ajena en mi vida como cuando José Antonio Reyes fue presentado por el Atlético de Madrid tras haber jugado (lo de jugar es sólo una forma de hablar) el año anterior con el eterno rival. La afición colchonera no le perdonaba al futbolista que, teniendo apalabrado un contrato con el equipo rojiblanco, eligiera al Madrid dejando tirado como una colilla al Atleti. He vuelto a ver otra vez las imagenes en youtube, y la verdad es que al pobre José Antonio le ponían literalmente a parir: "¡Reyes, porrompompón, fuera del Calderón!", "¡vikingo!",  "¡mercenario!"... Yo en su lugar habría colgados las botas y me habría dedicado a la filosofía zen, pero él, con buen criterio, no lo hizo y ahora es uno de los ídolos atleticos e incluso Cerezo pide para su chico la internacionalidad exprés.

Viene todo esto a colación justamente porque el utrerano acaba de firmar la ampliación de su contrato con el Atleti hasta 2014. En el Calderón ya no le ven como al traidor a la patria que vendió los papeles del Cesid sino como al héroe que contribuyó decisivamente a los dos títulos del club el año pasado. El fútbol será así. Tengo para mí que Reyes es de ese tipo de jugadores intuitivos que cuando piensan sobre el cesped la pifian y cuando hablan fuera de él tiembla el Kilimanjaro. Comprendo que, nada más dejar en la mesa el boli con el que ha firmado su nuevo contrato, diga que el Atlético de Madrid es como una familia, pero no puedo entender que diga que el Real Madrid es como un Ministerio; de serlo, en cualquiera de los casos, el Real Madrid sería el Ministerio del éxito, otra cosa es que él no supiera aprovecharlo. Suerte, Reyes, y un consejo: come y calla. Y come poco que la banda es larga.

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