El penúltimo raulista vivo

El milagro de Florentino

El milagro no sería, tal y como asegura un comisionista italiano cuyo apellido acaba en "etti", juntar en el mismo equipo a Ronaldo y Kaká sino que en el Real Madrid Club de Fútbol pudiera hablarse al fin de un proyecto deportivo serio y a la altura de las exigencias del mejor club de fútbol del siglo XX según la FIFA. Desde que Ramón Calderón dejara abierta la herida por la cual viene desangrándose el madridismo desde el pasado mes de diciembre se insiste en que que Florentino Pérez se hará nuevamente con las riendas del club, y también desde entonces se vienen produciendo unos desagradables codazos para ocupar un lugar a la diestra del nuevo gran hombre, no vaya a ser que la foto salga movida o se velen los intereses. Comisionistas hay cien, mil, un millón, pero Real Madrid únicamente hay uno y si hoy se encuentra en esta situación es precisamente por los personalismos de los Mendoza, Sanz, Pérez, Calderón y compañía.

De un tiempo a esta parte no hago más que escuchar alabanzas dirigidas al estilo del que históricamente hace gala el Fútbol Club Barcelona. Y es cierto que el Barça se ha caracterizado siempre por fijarse en jugadores que fueran capaces de jugar bien al fútbol. No perderé ni un minuto en la discusión acerca de qué es jugar bien al fútbol y qué no lo es porque, en el fondo, todos conocemos la diferencia. Es verdad que, incluso perdiendo o pasando por malos momentos, el Barcelona siempre quiso dar espectáculo y recompensar a sus socios y aficionados. Ahora, en la que Xavi calificó ayer como la mejor temporada de la historia del club azulgrana, pueden recoger los réditos con tres títulos, los más importantes, que tienen al alcance de la mano. El Barcelona juega muy bien al fútbol y, en las actuales circunstancias, debe convertirse en un ejemplo a seguir por el próximo presidente del Real Madrid.

Quien sea que gane las próximas elecciones (presumiblemente el señor Pérez si se cumplen todos los augurios) tendrá una magnífica ocasión para demostrar que el Real Madrid también apuesta por ese estilo del que hoy presume el barcelonismo. Los "resultadistas" que no ven más allá de sus propias narices, los expertos en el Madrid que no saben si Real se escribe con una o con dos erres, dirán que la esencia del Madrid son sus títulos, pero yo niego la mayor. Los títulos que el Real Madrid amontona en sus vitrinas son consecuencia en líneas generales de la apuesta por el buen fútbol, una apuesta de la que hoy parece haberse apropiado el barcelonismo. Florentino lo vio claro en sus primeros tres años de mandato, pero en los otros tres se dejó impresionar por sus consejeros áulicos. El auténtico milagro no será vestir a Kaká y Ronaldo con la camiseta del Real Madrid sino confiar en un proyecto que apueste por el espectáculo. El problema del Real no son los títulos, de hecho ya no hay espacio suficiente en la sala de trofeos entre Copa y Copa. El problema del Real es recuperar la iniciativa perdida en pos de un estilo de fútbol: ese sí sería el milagro de Florentino.
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