El penúltimo raulista vivo

El mejor

A veces les pedimos a nuestros héroes modernos, que habitualmente son los deportistas profesionales, que sean algo que en realidad no son. Nos emocionamos con sus gestas, alabamos su esfuerzo diario durante cuatro largos años de sacrificio persiguiendo el sueño de lograr una medalla en unos Juegos, nos asombramos con sus goles, sus canastas estratosféricas, ese revés ganador, esa carrera, un salto sobrehumano... y queremos que sean Áyax, Príamo o Teseo y trasladen su heroicidad desde la cancha de baloncesto, la pista de tenis o el campo de fútbol hasta la vida diaria, la de los simples mortales. Les pedimos demasiado, les exigimos que sean perfectos cuando ni siquiera Odiseo lo era; uno puede ser al mismo tiempo un futbolista extraordinario y un auténtico imbécil, un atleta insuperable y un tonto a las tres, un tenista magnífico y una mala persona. Rara vez se conjugan al mismo tiempo la heroicidad del deportista y la de la persona, una vez entre un millón nos descubrimos ante el atleta y ante el ser humano. Pues bien, en España estamos de suerte porque resulta que el mejor deportista de nuestra historia y uno de los mejores tenistas de todos los tiempos es, además, un ser humano excepcional, un ejemplo... difícil de seguir si uno no es, como él, un héroe.

La imagen de Rafael Nadal achicando el agua de un taller de Sant Llorenç, ayudando a sus vecinos, colaborando con ellos para reducir en la medida de sus posibilidades la dimensión de la tragedia, ha dado la vuelta al mundo y ha sido portada, por ejemplo, en The Times. Anoche nos contaba Javi Torres en El Primer Palo que, nada más verles aparecer, Nadal puso pies en polvorosa porque lo último que quería es lo que finalmente ha sucedido, o sea que su imagen fuera la comidilla positiva de todo el mundo. Anoche tratamos infructuosamente de charlar con Toni Nadal, que habitualmente nos atiende con cordialidad y respeto, pero nos dijo que la familia no quería que la gente pensase que había cedido las instalaciones de su centro deportivo para que los vecinos pasasen allí la noche por publicidad. Salvo algún idiota, y estoy pensando por ejemplo en aquel podemita que le tildó de pasabolas, absolutamente nadie habría pensado eso, pero el gesto después del gesto habla por sí solo de la grandeza de ese chico y también de quienes le rodean.

Rafa Nadal es único. Es único porque es una buena persona y, además, un deportista irrepetible. Es bueno en el sentido literal del término, bueno como los personajes de Capra, bueno como Juan Nadie, bueno el Marty Maher de Cuna de héroes. Y su bonhomía, esa generosidad que encaja mal con los cínicos tiempos que vivimos, ese contínuo derroche suyo de saber estar y comportarse y el ejemplo que nos da, nos ayuda, como le decía Jack Nicholson a Helen Hunt en Mejor... imposible, a ser mejores personas, a tratar de ser como él. Nadal es el mejor, disfrutémoslo.

A continuación