El penúltimo raulista vivo

El macguffin del clembuterol

Ayer parió Rasmus Damsgaard y hoy, siguiendo el horario previsto, lo ha hecho L'Equipe, la bisabuela de toda esta historia. Como comadrona asistió al feliz alumbramiento el señor Mc Quaid. El titular del famoso diario desprestigiador de todo lo español, Contador sur des braises, no es en modo alguno un homenaje poético y subliminal al Paso del fuego de San Pedro Manrique sino que en realidad quiere dar a entender que Alberto se quema, que Alberto es hombre de dos caras, que Alberto también tiene sus esqueletos en el armario, que Alberto está, como tan atinadamente cantara en su día La Frontera, en el límite del bien y del mal. Créanme que el que L'Equipe tire tan airadamente con bala contra Contador, como antes lo hiciera con saña contra Rafa Nadal, no tiene nada que ver con el minúsculo picopiqui detectado en la orina del ciclista madrileño y sí con el hecho de que el último francés en ganar el Tour fuera Bernard Hinault allá por el 85.

Por cierto: si el picopiqui se le hubiera detectado a Lance Armstrong estaríamos diciendo exactamente lo mismo, que es una chorrada de tomo y lomo, una operación de acoso y derribo con trasfondo político. Y el trasfondo, en el caso concreto de nuestro chico, no es otro que el de mancillar el honor de un deportista admirado por todos, respetado en el pelotón internacional y que puede convertirse en el mejor ciclista de la historia con el único objetivo de emponzoñar y sembrar con descaro una duda razonable.  Demostrado está, y acreditado además por todos los expertos científicos consultados al respecto, que con el clembuterol del filete de Contador uno no podría escalar ligero ni por la rampa de un garaje. Las preguntas que me hice ayer sirven también para hoy.

Alguien del blog se preguntaba en el triste día de autos por el paradero concreto de Jaime Lissavetzky, secretario de lo que nos queda de Estado para lo que nos queda de Deporte. Pero Lissavetzky no está para estas pequeñas cosillas, Lissavetzky está ahora mismo con Trini, que está con el ministro de Deportes, y contra Tomás, que está contra todos, un lío. El domingo si aca, y dependiendo de lo que pase en las primarias, ya se dejará ver. Por eso yo no seré nunca secretario de Estado de nada, ni ministro, porque a mí no me hace falta Grissom para saber la verdad, que es ésta: Alberto Contador no se dopó, así de claro y así de rotundo. El clembuterol no es más que un macguffin y las mentiras vendrán en L'Equipe de mañana. Gracias a Dios que no practico el francés.

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