El penúltimo raulista vivo

El imbécil

Fiel al habitual don de la oportunidad que le caracteriza, un viernes de pasión pseudo literaria que precede al sábado en que Raúl logra su segundo hat trick en Alemania, el noveno gol en la Bundesliga que le sitúa a dos de Lakic, empatado con Hugo Almeida o Mario Gómez y uno por encima de Lucas Barrios, el gol número 334 de su carrera deportiva, inmediatamente antes de que Gelsenkirchen, puesto en pie, haya despedido ovacionándole al ex capitán del Real Madrid, vuelve el imbécil. El imbécil, el imbécil, siempre el imbécil. Una tontuna. Una falta de ortografía. Una oración mal construída. Un artículo que pasa sin pena ni gloria. Un acento buscando propietario. Cuestiones así han servido paradójicamente para promocionar en una profesión que anda de capa caída y en un diario con nulo recorrido y menor impacto al imbécil de nacimiento, al idiota sin talento, al tonto sin tino, al bobo supino, al juntaletras mohíno, al mentecato.

Urgía devolverle con efecto retroactivo a la Facultad para que aprobara primero de Redacción, pero siempre sobrevivía de manera insoportable como alma máter del periodismo más casposo y triste. Han sido muchos años de imbecilidades. Raúl, gracias a Dios, ni se entera porque desconoce que exista ese imbécil en concreto, pero habla con respeto del emparejamiento con el Valencia. En primer lugar porque vuelve a España y lo hace como líder indiscutible y querido de su nuevo equipo. Y en segundo lugar porque, con la vista puesta a colarse entre los ocho mejores de Europa, el Valencia no es el peor equipo que podía haberle tocado en suerte. Eliminar al equipo de Emery no le supondría nada, lo ha hecho tantas veces... La más sonada en aquella final de Champions, la del 3-0; aquel día, por cierto, también marcó.

Mientras el imbécil pone negro sobre blanco todas y cada una de sus insignificantes frustraciones, Raúl repasa mentalmente su carrera deportiva y llega a la acertada conclusión de que él solito ha metido más goles en la Copa de Europa que el resto de equipos españoles a excepción de Real Madrid y Barcelona. No será el más grande de la historia del fútbol, no, pero mientras que Tolstoi no podría rellenar ni siquiera medio folio en blanco con la biografía profesional completa, la pasada y la futura, del imbécil de turno, del bobo solemne, del torpe provinciano, del estulto con licencia para cagarla, con la de Raúl sí podría hacer un par de capítulos o tres. Como las oscuras golondrinas, el imbécil volverá del balcón del mejor futbolista español de la historia su nido a colgar. Ni para sopa sirve. Bendita paciencia.

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