El penúltimo raulista vivo

El hombre más feliz del planeta Tierra

Ni Kaká, ni Reyes (del que a lo mejor vuelvo a hablar mañana tras la memorable entrevista que ha concedido a Don Balón y que confirma su milagrosa conversión rojiblanca... por ahora), ni el Tour de los escándalos, ni Henry, ni Alves ni nada de nada: el auténtico culebrón del verano es la guerra civil acaecida en McLaren Mercedes. Ha sido tanto el ruido que han organizado entre Fernando Alonso, Lewis Hamilton y Ron Dennis, que acaban de despertar de su siesta a Norbert Haug, máximo responsable de Mercedes para la Fórmula Uno. Porque McLaren, y a veces solemos olvidarlo, se apellida Mercedes. Puede que la escudería para la que trabajan el vigente campeón mundial y el nuevo enfant terrible de los circuitos tenga efectivamente un cerebro inglés, pero el corazón late en un perfecto alemán.

Las declaraciones de Haug, que no es ni remotamente el "señor X" de esta historia, a Bild, son las declaraciones del pacificador, un hombre de buena voluntad y mejores sentimientos que aboga por una convivencia pacífica y una competencia leal entre dos deportistas orgullosos, altivos y con un ego demasiado inflamado como para reconocer un error o dar un sólo paso hacia atrás. Habrá quien me diga que el orgullo, la altivez y el ego de Alonso están respaldados por dos títulos Mundiales, pero Fernando, al igual que le sucede ahora a Lewis, ya era así antes de haber ganado ni una sola carrera en la Fórmula Uno; hay testimonios que lo acreditan. Hamilton está cortado exactamente por el mismo patrón que el asturiano y, por mucho que Haug salga ahora diciendo que Alonso tiene contrato en vigor y que nadie le ha abierto las puertas del equipo para que emigre, todo el mundo sabe que eso va a ser imposible. Sólo falta que, al abrir la próxima botella de champagne en el podio, el corcho deje tuerto a uno de los dos pilotos para que intervengan directamente las familias.

Por otro lado, nunca en mi vida había oído hablar tanto de McLaren y de Mercedes. Puede que Ron Dennis sueñe con aquellos tiempos tranquilos en los que sólo tenía que batallar con Alain Prost y Ayrton Senna, dos angelitos al lado de estos, y que Norbert Haug esté harto de que le despierten de su siesta para contarle la penúltima de sus dos pilotos, pero a buen seguro que el director general de marketing de la empresa es ahora mismo el hombre más feliz del planeta tierra. Si no fuera porque creo que se llevan mal de verdad, pensaría que la rivalidad entre Alonso y Hamilton es lo que en la prensa del corazón suele conocerse, creo, como un "posado-robado-pactado". Porque al final, ¿qué es lo que quieren en Mercedes? Vender más coches. ¿O no?

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