El penúltimo raulista vivo

El hambre del Barça, el hambre del Madrid

Existe la posibilidad de que este Barcelona de Guardiola empiece a considerar amistosos todos y cada uno de los partidos que disputa a excepción de aquellos que le enfrentan con el Real Madrid. Con Mourinho y Cristiano por medio, Alves, Xavi, Valdés y Messi etxreman la precaución, alertan sus sentidos y tiran de concentración; a ninguno de los cracks culés se les ocurre dejar sus superpoderes aparcados en casa cuando van a enfrentarse con el Madrid: a eso se le llama respeto. Ayer, como sucedió el otro día con la Real, el Barcelona faltó al respeto al Milan. De acuerdo que éste no es el equipo de Sacchi ni tampoco el de Capello, está en pleno proceso de rejuvenecimiento y seguramente no pase a la historia, pero uno no debe despistarse nunca ante un club que tiene siete Copas de Europa en sus vitrinas.

Dice Guardiola que él no duda. Yo tampoco. Está claro que el Barcelona sigue siendo candidato a todo, pero empieza a estar inconscientemente atiborrado de títulos, empachado de elogios, estragado de tanto artículo dulzón y tanto peloteo periobarcelonista barato. El entrenador azulgrana sabe mejor que nadie que hay equipos que mueren de éxito y estoy seguro de que intentará cortar de raíz la enfermedad, pero los síntomas están ahí: el Barça, como todos, necesita competir porque de lo contrario se echa a dormir. No es la primera vez que un equipo viene a encerrarse al Nou Camp; llama, eso sí es cierto, más la atención cuando lo hace uno llamado Milan, pero no es la primera vez como decía que un entrenador decide colocar a ocho jugadores por detrás del balón para así bloquear el ataque culé, Allegri no es original tampoco en eso.

Resulta que al relax de quien se siente muy superior al resto se suma también ahora una mala racha en forma de lesiones; el otro día la del recién llegado Alexis, ayer la de Iniesta. Pero la clave es Messi, y Guardiola y el resto lo saben; mientras el argentino esté sano y le aguante el físico, el Barcelona seguirá siendo un equipo distinto. Del aparente hartazgo azulgrana debe tratar de sacar tajada cuanto antes el Real Madrid, el único rival que motiva de verdad a los culés, porque al final todo se reduce al hambre que uno tenga o deje de tener. Por supuesto que no hay, tal y como yo lo veo, un final de ciclo, aunque puede que sí estemos asistiendo al inicio de uno distinto, diferente. Y todo en el segundo año de Mou, que, según todas las estadísticas, suele ser el mejor del portugués.

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