El penúltimo raulista vivo

El falso feo de Ramos

Creo que pasará mucho tiempo hasta que un entrenador me guste tanto para el Real Madrid como José Mourinho. Pero esa afirmación, que supongo que a nadie pillará desprevenido, es compatible con el hecho de que Carlo Ancelotti no me disguste por varios motivos. El primero es que Carletto ya ha llegado al Madrid peinando canas, de forma que los disgustos que probablemente pretenda darle la prensa deportiva española no le teñirán más el pelo. No hay más que echarle un vistazo al Mou que llegó y al Mou que se fue para evidenciar cuánto debe desgastarle a uno ese banquillo. Y, aunque ha pasado aún poco tiempo y no se puede establecer ninguna teoría sólida al respecto, a Ancelotti sin embargo le veo bien, incluso un poco más gordito que cuando llegó.

Ancelotti responde siempre a todo, y lo hace enarcando ostensiblemente su ceja izquierda, tanto que en ocasiones temo que acabe escalando por la frente y se le cuele en su tupida, y como dije antes blanca, cabellera. Le preguntan sibilinamente si Florentino Pérez le hace las alineaciones y él, en vez de levantarse e irse, enarca la ceja. Sugieren que Bale juega por decreto y él enarca la ceja. Le acusan de sentar a Casillas porque Mourinho le dijo que tuviera cuidado con él y él enarca la ceja. Le dan palos por reprender a Ramos tras un fallo garrafal en defensa y él enarca la ceja. Enarca la ceja... y responde. Siempre o casi siempre le preguntan por asuntos que poco o nada tienen que ver con el fútbol pero él responde. Hasta ahora nunca le he visto perder la paciencia y eso tiene un mérito enorme, más aún teniendo en cuenta que algunos colegas acuden a la sala de prensa con el único objetivo de que el entrenador del Real Madrid enarque las dos cejas a la vez. Mourinho era de otra escuela filosófica y cuando le faltaban al respeto... mordía. Ni cejas ni leches, un buen mordisco.

La última chorriexclusiva ha sido la del mal gesto de Ramos hacia Florentino en el rally publicitario anual que una famosa marca de vehículos organiza siempre por estas fechas para entregar a los jugadores de la primera plantilla las llaves de su nuevo coche. Uno tiene que estar como un cencerro para acusar a Mourinho del presunto desplante de un jugador del Madrid, que para más inri no era de la cuerda del portugués, hacia el presidente del club, pero cosas como esa ha tenido uno que leer en la prensa. Viendo que el culebrón del mal gesto de Ramos tomaba vuelo, el propio jugador salió a desmentirlo en las redes sociales con otros dos vídeos, uno anterior y otro posterior, en el que el central de Camas saludaba amigablemente a Florentino. Pero, una vez más, el daño estaba hecho. Y supongo que si alguien tuvo el suficiente cuajo de echarle la culpa del falso feo de Ramos a Mou y al efecto pernicioso que su presencia tuvo en el club blanco, habrá seguro quien diga en las próximas horas que Sergio saludó primero amigablemente al presidente, luego le apartó la cara y más tarde volvió a saludarle efusivo, lo que hablaría de algo mucho peor como por ejemplo un problema de doble personalidad. No quiero darle ideas a nadie.

Varias cosas. Seguro que Ramos quiere cobrar más. Seguro que Florentino considera que el actual no es el momento apropiado. Seguro que el gesto del jugador no tuvo absolutamente nada que ver con la escenificación de su disgusto. Y seguro que, por mucho que Ancelotti piense que no atraviesa por su mejor momento de forma, Carlo enarcaría al fin sus dos cejas si alguien viniera con 60 ó 65 millones de euros y le dijeran que el jugador se larga. Por lo demás, Ramos no necesita a ningún Wyatt Earp a su lado ni mucho menos a un Perry Mason de pega que salga al quite cuando alguien ose criticarle. El fútbol lleva siendo el mejor abogado defensor de Sergio desde hace más o menos diez años. Que recupere su juego y que espere. Y que no se fíe tanto de aquellos que le pasan la mano por el lomo. A Sergio, que es sólo un futbolista, le digo lo que un esclavo le dijo en una ocasión a Julio César, que era el dueño del mundo: "Mira hacia atrás y recuerda que sólo eres un hombre". Y añadiría: "y trata de que no vuelvan a pillarte la espalda".

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