El penúltimo raulista vivo

El falso contrato vitalicio de la eterna promesa

El primer problema que tienen los contratos vitalicios de Ramón Calderón es semántico. El nuevo contrato de Raúl y Casillas sería vitalicio, de vital, si, como su propio nombre pretende indicar, durara desde el mismo día de su obtención hasta el fin de la vida del interesado. Pongamos por caso a nuestro Consejo de Estado: es un nombramiento vitalicio y, salvo renuncia del consejero en cuestión, sólo se extingue con su muerte. No hay condiciones previas, ni letra pequeña que aplicar al contrato, ni posibles revisiones de futuro. Los contratos vitalicios de Ramón Calderón, tal y como expuse el otro día, son una engañifa, un tocomocho que sólo persigue reforzar la imagen del presidente del Madrid, una nueva muesca publicitaria que grabar en el cinturón de José Angel Sánchez. Salvo en la ampliación del contrato de Casillas, que es una sensacional operación deportiva, no existe nada nuevo en el tradicional comportamiento del club con sus jugadores más emblemáticos.

Guti sigue siendo una eterna promesa a ojos de Ramón Calderón. El otro día, al oírle decir que sería el próximo en pasar por taquilla para firmar uno de esos falsos contratos vitalicios y, a continuación, añadir que tendría que jugar un mínimo de 40 partidos para renovar  automáticamente, pensé que Calderón había cometido otro desliz, una de esas meteduras de pata que le han hecho tan famoso. Pero no, qué va, Calderón, por una vez y sin que sirva de precedente, sabía muy bien lo que decía, probablemente porque fue él mismo quien le dio el toque final al contrato del canterano. Así que, si yo no lo he entendido mal, Guti es diez partidos menos madridista que Raúl y Casillas, quiere diez partidos menos al Real de lo que le quieren sus compañeros y es diez partidos menos emblemático que cualquiera de ellos. Los contratos vitalicios son mentira y, más de un año después de que la Cadena Cope le pillara con el carrito del helado, Calderón sigue pensando lo mismo: Guti no pasa de ser una eterna promesa.

Hasta esto lo ha hecho mal Ramón Calderón. Un anuncio como el del otro día tendría que haber sido festivo y, sin embargo, desde el primer momento se vio que era una operación de marketing y un nido de problemas innecesarios. Tengo interés por saber qué le ofrecerán, si es que la lista continúa ampliándose, a Fabio Cannavaro. Si Guti, que lleva toda la vida vistiendo de blanco, tiene que jugar un mínimo de 40 partidos para renovar automáticamente, ¿cuántos le colocarán al italiano que sólo lleva aquí un par de años? Conociendo a Calderón, igual le ofrece a Fabio renovar falsamente de por vida en cuanto juegue 20 partidos oficiales, provocando así también el enfado monumental de Raúl y Casillas. Sigo pensando lo mismo: Calderón quiere renovarse a sí mismo de por vida, pero en su caso va en serio.

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