El penúltimo raulista vivo

El estilo como coartada

Existe una corriente periodística muy divertida (y tan subjetiva, por cierto, como pueda serlo la otra a la que yo pertenezco y que defiende a capa y espada a Mourinho) que, ahora que está herido, trata de subir de nuevo a lomos de Bucéfalo a su Alejandro Magno particular, que no es otro que Jorge Valdano. El entorno periodístico de Jorge tuvo que pasarlo realmente mal cuando Florentino Pérez obligó a su amigo a presentar en sociedad al nuevo entrenador del Real Madrid, el mismo a quien él había puesto literalmente a parir. Tal y como yo lo veo, a eso queda reducida desde entonces esta historia: Mourinho y Valdano son vasos comunicantes y ese grupo de presión entiende que si a uno le va bien al otro le irá mal y al revés. Si Mourinho gana, pierde el amigo; si Mourinho gana, el confidente no tiene el control. Es bueno para el Real Madrid que a Mourinho le vaya bien, pero resulta nefasto para los intereses de una decena de periodistas estratégicamente situados.

Con esto no quiero decir en absoluto que no haya quien crea sinceramente que los métodos de Mourinho resultan perjudiciales para el Real Madrid: yo, de hecho, conozco a uno o dos. Digamos mejor que conozco a uno. Pero la mayoría de la gente de esta profesión con la que he tratado no tira por los ideales sino que se mueve por el puro interés personal, y ahí incluyo por supuesto la relación de amistad que es sin duda la cuestión personal más importante de todas. A mí, por ejemplo, me cuesta Dios y ayuda criticar a Goyo Manzano, con quien mantengo una buena relación. Por eso comprendo que, después de la invectiva de ayer de Guardiola, Juan Cruz escriba lo siguiente: "Es cierto que ha entrado al trapo que le echan (...) y ha terminado hablando de los árbitros. Qué pecado". ¿Quién ha dicho que hablar de los árbitros resulte pecaminoso?... Se ha dicho que resulta hipócrita, fariseo y cínico decir que uno no habla de los árbitros cuando sí lo hace. Eso, y no lo otro, es lo que se ha repetido hasta la saciedad cientos y cientos de veces.

Es por esa teoría de los vasos comunicantes que expliqué anteriormente por lo que Diego Torres, por ejemplo, está fuera de sí y viene a decir hoy mismo que Marcelo y Di María son como R2-D2 y C3PO, robots que Mourinho engrasa durante la semana y que luego programa en el vestuario, jugadores sin cerebro que se tirarían desde un décimo piso si se lo ordenara su entrenador, el depravado doctor Caligari. Marcelo es una máquina, pero Alves es un genio; Di María es un robot, pero Messi es la intuición hecha carne. Torres es el Hefestión de Valdano, le necesita potente dentro del club y eso conlleva necesariamente la debilidad de Mourinho. Por eso la final de Copa era tan importante para este grupo. De ahí que la semifinal de Champions sea para ellos un clavo ardiendo al que poder agarrarse: podría ser peor, el Real Madrid podría conquistar la Décima. José Mourinho y Pep Guardiola no tienen nada que ver en esto. Tampoco, como se ha dicho, la cultura o la forma de decir el fútbol. El estilo es la coartada. Aquí lo que está en juego es el puro y duro interés personal. Y es que, ahora que suena Hierro, el próximo invierno podría ser aún más crudo que el anterior si Alejandro acabara cayéndose de lomos de Bucéfalo.

A continuación