El penúltimo raulista vivo

El emblema

La última insidia del affaire Casillas consiste en deslizar, sin pruebas por supuesto, que la orden de que Iker no juegue "viene de arriba". Hasta hace dos minutos Ancelotti era el pacificador, el hombre que iba a reconstruir piedra a piedra lo destruído por el Atila de Setúbal, un técnico que había ganado tanto o más que el portugués aunque con menos soberbia, alguien que entendía al jugador, que le comprendía, que tenía empatía con él puesto que, a diferencia de otros, antes de ser cocinero había sido fraile. Desde hace un minuto Ancelotti ha pasado a ser la voz de su amo, un entrenador que confecciona sus equipos titulares al dictado, un hombre que no sabe distinguir entre un emblema y un trozo de tocino. El error de Carlo Ancelotti, como el de Mourinho, ha consistido en hacer lo que él considera mejor para el Real Madrid, el club que le paga. Está en marcha la máquina de picar carne.

Entiendo que duela, comprendo que es nuevamente duro tener que observar cómo una ficción vendida como realidad durante el último año por una simple cuestión personal y de inquina hacia el ex entrenador del Real Madrid se viene estrepitosamente abajo. Mourinho decidió porque esa es su responsabilidad y porque su trabajo no puede estar pendiente de amenazas, intereses comerciales y rabietas. Ancelotti acaba de decidir por idéntico motivo. Y si el entrenador del Real Madrid decide alinear a Casillas en el próximo encuentro no habrá nadie que me oiga decir que ha sido porque le ha entrado el canguelo. Cuando Ancelotti alinee a Iker yo me alegraré y esperaré que Casillas vuelva a ser ese portero que gana partidos. Cuando Ancelotti confíe en Diego López esperaré que demuestre lo mismo que hasta ahora, que es un guardameta de primer nivel mundial y que no va a salir corriendo a meterse debajo de las faldas de su madre al sentirse fiscalizado. Esto es el Real Madrid, señores, y quien no sirva que se dedique a otra cosa.

La última, como decía, es la insidia de que si Iker no jugó ante el Betis fue porque la orden venía de arriba. La penúltima es que los mourinhistas se alegran de la suplencia de Casillas. La antepenúltima, esta sí con visos de realidad, es la noticia adelantada anoche por Tiki Taka en el sentido de que Iker querría irse en diciembre si las cosas siguen así; supongo que ese "si las cosas siguen así" se refiere a que el entrenador de la primera plantilla decida en función de su leal saber y entender qué once jugadores tienen que saltar inicialmente al terreno de juego. La actitud que yo habría esperado de un icono del Real Madrid es justamente la contraria, la de apretar los dientes y demostrarle al nuevo técnico, que ya no es el maléfico Mou sino el amable Carlo, que uno no es campeón del mundo por casualidad. Me dio mucha lástima, y no por mí sino por él, el reportaje que Cuatro emitió de Casillas durante el calentamiento previo al partido contra el Betis. Puestos en esta tesitura, y si de lo que se trata es de saber quién la tiene más grande, yo creo que el club deberá velar por sus intereses y el emblema por los suyos. Déjesele salir si ese es realmente su deseo, pero por supuesto cuando le venga bien al club y no a él. ¿Qué estará pensando Mourinho desde Londres?

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