El penúltimo raulista vivo

El día antes de San Valentín

Los celos entre las grandes estrellas del deporte son más viejos que la tos. La única originalidad aportada por Samuel Eto'o al caso que nos ocupa es la traslación de dichas rencillas, servidas en tiempo real, en vivo y en directo y transportadas directamente al consumidor a través de los medios de comunicación. Los periodistas llevamos tiburoneando las últimas veinticuatro horas con las palabras del "9" culé, desmenuzándolas, haciéndonos los dedos huéspedes con ellas, analizándolas e interpretando sus posibles consecuencias en el futuro. Para sí hubiera querido Chevy Chase una actuación tan memorable como la protagonizada por el camerunés en la víspera del día de San Valentín; estoy convencido de que los responsables del Saturday Night Live le habrían pagado a Eto'o lo que hubiera pedido por un monólogo tan sobrecogedor y espeluznante como el de Vilafranca del Penedès.

El martes por la mañana, sólo unos instantes antes de que Eto'o entrase en erupción ante el campo de alcachofas de colores que le iban persiguiendo por toda la sala, en la portada de un afamado diario deportivo barcelonés podía leerse lo siguiente: "No hay caso Eto'o". Menudo olfato. Si, en vez de dedicarse al periodismo deportivo, lo hubieran hecho al político en el Washington Post de los años setenta, Richard Nixon no habría tenido que salir por piernas de la Casa Blanca. Hoy, tras la erupción del Vesubio, mientras tratan de reconstruir Pompeya poco a poco, ya puede leerse esto otro: "Ahora sí hay caso Eto'o". Siempre lo hubo, antes y, por supuesto, después de que la cólera de este niño grande, millonario y bendecido con el don de pegarle patadas a un balón, tocase de lleno a Frank Rijkaard, Ronaldinho y Sandro Rosell, que pasaba por allí y que puso cara de no comprender nada de nada.

El entretenimiento está servido. La distracción, asegurada. Parece que Eto'o no piensa rectificar, ni mucho menos pedirle perdón a nadie. La crisis fue mal gestionada desde el principio por Rijkaard y posteriormente agravada por la indefinición presidencial. Harán falta mucho tacto y mucha diplomacia en el futuro para reconstruir lo que saltó por los aires un martes 13 de febrero, pero que al parecer llevaba resquebrajándose desde hace mucho tiempo. Para romperlo todo definitivamente, Ronaldinho sólo ha de mostrarse magnánimo con su errático compañero, la oveja descarriada del vestuario azulgrana. Nunca me creí el cuento chino de los buenos y los malos. Como decía Ambrose Bierce, "un egoísta es una persona que piensa más en sí misma que en mí". Parece que Eto'o piensa más en él mismo que en Ronaldinho, y es posible que eso inquiete al astro brasileño.
A continuación