El penúltimo raulista vivo

El dedo de Simeone en la llaga atlética

Hay que ver cómo se le han tirado a la yugular a Simeone por decir algo tan sensato y coherente como que el Atlético de Madrid es un club grande y que sería de mediocres querer ganar esta noche para fastidiar al Real Madrid. Y yo me pregunto: ¿Por qué ha hecho tanta pupa lo dicho por el Cholo? ¿A santo de qué esa reacción tan airada contra uno de los iconos atléticos, el salvador, el deseado, el hombre llamado a resucitar al equipo colchonero?... Muy sencillo: yo creo que un amplio sector de perioatléticos y otro aún más amplio de seguidores se han sentido directamente señalados por el dedo acusador de Simeone porque eso es precisamente lo que ha venido ocurriendo durante los últimos años, y que dicha acusación les ha pillado por sorpresa y les ha indignado precisamente por proceder de uno de los suyos, uno de los más queridos y significados.

Lo que ayer hizo Simeone, y que aplaudo a rabiar, es poner al club y sus aficionados delante del espejo. Yo comprendo la rivalidad, la entiendo perfectamente, pero una cosa es la rivalidad deportiva y otra distinta convertir al Atlético de Madrid en un satélite del Fútbol Club Barcelona. La sensación que desde fuera ha tenido Simeone de los derbis madrileños coincide bastante con la mía: últimamente el Atlético ha estado más preocupado de ganar al Real Madrid para echarle una mano al Barcelona que por él mismo, por sus propias necesidades, por su historia. Imagino que el Real Madrid querrá ganar esta noche en el estadio Vicente Calderón porque le va la vida en ello y no porque así aleja aún un poquito más al Atlético de la Europa League. Gracias a esa mentalidad es por lo que el Real tiene 31 Ligas en sus vitrinas.

Pero la airada reacción ante las palabras aplastantemente lógicas de Simeone, que no es precisamente un cualquiera dentro del escalafón colchonero, me hacen deducir que esa forma de actuar y de pensar se ha convertido en lo más normal del mundo y está tan arraigada en el pensamiento rojiblanco que no va a poder arrancarse ni con un sacamuelas. Si esto ha pasado con el salvador, con el deseado, con el añorado, no quiero ni imaginarme qué habrían dicho si hubiera sido, por ejemplo, Gregorio Manzano quien hubiera puesto el dedo en la llaga atlética. Desde el año 1999 lleva el Atlético de Madrid sin meterle en cintura a su máximo rival deportivo y, mientras la afición y el perioatletismo, que haberlo haylo, continúe en Babia no creo que haya peligro. Aunque justamente esta noche el Madrid, que se ha metido él solito en problemas, se juegue la Liga en el Calderón.

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