El penúltimo raulista vivo

El otro crepúsculo de los dioses

Seguimos de celebración. Continuamos festejando. Estoy viendo que antes del lunes sacan al seleccionador a hombros de la sala de prensa. Vivimos en el éxito del 7-1. Al igual que Norma Desmond nuestra selección también ha decidido encerrarse a solas en una habitación oscura y se niega en redondo a recibir la visita de nadie: la vieja gloria del cine mudo para saborear una y otra vez, absorta en la contemplación de sí misma, de La Divina, las mejores escenas de sus añejas películas, aquellas que la elevaron al cielo del estrellato hollywoodense; la España futbolística para congelar en el DVD el gol de Andrés Iniesta, esa miniatura histórica que Stefan Zweig no habría dudado en incluir entre sus catorce momentos estelares de la humanidad. Lo más extraño de todo es que al periodismo deportivo español, cruel a más no poder con otros entrenadores, le ha tocado interpretar con nuestro seleccionador el papel del dócil y sumiso Max, el fiel mayordomo que mantiene adrede en la inopia a la estrella del cine de la que está enamorado.

Al fin y al cabo en El crepúsculo de los dioses Billy Wilder consigue que Buster Keaton, H.B. Warner y Anna Q. Wilson, las "figuras de cera" que juegan a las cartas con Norma Desmond, realicen el sano ejercicio de reirse de ellos mismos. Nosotros no. Nosotros nos hemos tomado tan en serio que somos absolutamente incapaces de asomar el más ligero afán autocrítico y, cuando al fin aparece en la figura de Xabi Alonso, lo estrangulamos y le hacemos rectificar... para empeorar más aún la situación. Da un poco de lástima comprobar cómo Vicente del Bosque, que podría haberse ido por la puerta grande, indiscutido e intocable, ha optado por hacerse un ovillo y no para de repetir una y otra vez en posición fetal y con el pulgar metido en la boca eso tan infantil de que la maldad está instalada entre un sector del periodismo deportivo. Otra vez el cuento chino de los malos y los buenos.

No se ha hecho nada mal, nada. Se eligieron bien los rivales previos al Mundial. Y la sede, que es una nevera, era perfecta para luego jugar con una temperatura cercana a los 30º. La lista fue impecable (ayer llegué a escuchar en la radio púbica la siguiente escalofriante reflexión: "Este ha sido siempre un grupo muy unido en los últimos seis años, ¿por qué deberían haber venido los mejores?"). Los futbolistas estaban bien físicamente y tenían más hambre que el lobo feroz. Y los veteranos no habían llegado renqueantes sino con ganas de echarle una carrerita a Usain Bolt. Pero yo no puedo evitar preguntarme cómo habríamos tratado a Javier Clemente si en el Mundial su selección hubiera perdido sus dos primeros partidos por 5-1 y 2-0 cayendo eliminada a las primeras de cambio. Me lo pregunto y me respondo: le habríamos destrozado. Sin anestesia. Por las bravas. A Vicente no, a Vicente no conviene despertarle bruscamente. Que sueñe con los angelitos. Y con aquel gol que nos hizo tan grandes y tan poco autocríticos. Please don't disturb. Ya recogeremos la habitación otro día.

PD: Me veo en la obligación de añadir esta posdata tras hojear el Marca y tropezarme con el artículo de Gabriel Masfurroll titulado Desmemoriados. Dice este ex directivo del Barça (cuestión que no es baladí para explicar lo que viene a continuación) acerca de las declaraciones de Xabi Alonso lo siguiente: "Ha confirmado una vez más lo que muchos ya sabíamos, pero no se decía. Muchos de sus compañeros le conocen bien. Ahí empieza el problema. Para ganar necesitas Fuenteovejuna". Algunas aclaraciones a Masfurroll, que no hace demasiado tiempo decía que él se sentía el rey del mambo cuando veía publicado su nombre en el Marca:

1) ¿Qué se sabía de Alonso que no se decía? ¿Y quién contaba lo que se sabía y no se decía? ¿acaso Xavi?... Esa fuente está contaminada. De lo que se sabía y no se decía, pero que al parecer sí conocía este rey del mambo hospitalario, yo no diré ni pío. Lo que sí se sabe, porque lo publicó mi compañero Vicente García, es que Xavi mantuvo una reunión con Del Bosque para dejarle entrever que se sentía más feliz con un sistema de juego que con otro; curiosamente el sistema con el que Xavi se sentía más feliz desplazaba a Alonso al banquillo.

2) Para ganar no necesitas Fuenteovejuna sino jugar bien al fútbol. Aunque leer a Lope nunca esté de más. Así, a vuelapluma, y sin tener por supuesto información, me atrevería a decir que en esa selección sólo Alonso y Mata habrán leído alguna vez al gran poeta y dramaturgo del Siglo de Oro español. A Masfurroll se le ve el plumero culé: no criticó que Xavi tuviera la osadía de decirle al seleccionador en privado cómo debía jugar España pero sí le parece mal que Xabi diga en público y a cara descubierta lo que la España que no esté ciega, sorda y muda habrá podido comprobar: que los nuestros llegaron muertos al Mundial.

3) Lo que en el fondo está exigiendo Masfurroll en la selección es la unanimidad forzosa, la laminación de la personalidad, el escrutinio de las declaraciones. En Corea del Norte, que se jacta de ser la última dictadura leninista del mundo, puede que funcione así, pero... ¿en la España democrática?... De haber observado él mismo el comportamiento que ahora parece exigirle con muy mala baba a Alonso es probable que aún siguiera siendo directivo del Barça. Pero en diciembre de 2002 dejó colgado a Joan Gaspart "por su disconformidad en las decisiones que afectan a la gestión". ¿Fuenteovejuna?... Fuenteleches.

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