El penúltimo raulista vivo

El color de Morata (y II)

Anoche Petón trataba en vano de animar a dos alicaídos seguidores del Atleti que estaban viendo como público El Chiringuito al grito de "¿No véis cómo les molesta que hayamos fichado a Morata?"... El "les molesta" de Petón iba dirigido a los aficionados del Real Madrid, de modo que convendría que mi buen amigo colchonero aclarase con qué aficionados madridistas ha hablado él de este asunto porque yo, que sí hablo con muchos merengues, no sólo no los noto preocupados con el fichaje de Álvaro sino que, en líneas generales, le desean la mejor de las suertes... salvo cuando se enfrente con el Madrid, claro está. Estaban un poco hundidos estos dos chavales del Atleti porque pensaban que era mucho aceite de ricino el que les estaba tratando de hacer tragar su ídolo Simeone fichando a un jugador de declarado sentimiento madridista y que hacía poco les había llamado "indios" en una celebración, ya no recuerdo cuál sinceramente, del Real. Pero, como el alcalde del pueblo de Zaragoza que no tocó las campanas al paso de Napoleón, yo también niego la mayor, y lo hago para tranquilidad de estos chicos: el único sentimiento que hay en el fútbol, como decía ayer, es el de los aficionados.

Ese sentimiento no se vende, no se traspasa, no se cede; para ese sentimiento no hay ventanas ni mercados ni estaciones, es el mismo en invierno que en verano, es igual en primavera y en otoño; es el sentimiento que mueve el fútbol, que lo hace girar y que convierte a este deporte en algo tan especial, un idioma universal. Aquel alcalde de Zaragoza no tocó las campanas al paso de Napoleón por la sencilla razón de que en la iglesia del pueblo no había campanario, y cuando Morata llamó "indios" a los aficionados colchoneros lo hizo porque jugaba en el Madrid y eso es lo que creía que se esperaba de él en aquel momento procesal; hoy Morata ha pensado que lo que se esperaba de él es que dijese que su sueño desde que era niño era fichar por el Atleti y lo ha dicho, y si hubiera fichado por el Barça habría dicho que él soñaba con el pan con tomate, los castellers, la sardana y jugar junto a Leo Messi, el mejor futbolista del mundo; y si, en vez de ir del Chelsea al Atleti hubiera regresado a la Juve, habría dicho que estaba feliz de reencontrarse con el mejor jugador del mundo, que era Cristiano; y si hubiera recalado en el Madrid hubiera dicho que estaba emocionado por volver a jugar junto al mejor futbolista del mundo, que era Modric. Fingen. Fingimos.

Ojo, repito, Álvaro no es especial, todos lo hacen. Pero sí me llama la atención que a un chaval de Bree, en Limburgo, un crío que llegó al Atleti desde el Genk y que estuvo allí únicamente tres años para luego irse cuatro al Chelsea y fichar por el Madrid, le hayan restregado por la cara el "salta canguro" mientras que hayamos asistido a un blanqueamiento (y nunca mejor dicho) del pasado de Morata, que es el que es. Con mayor o menor sentimiento, Álvaro jugó los años que jugó en el Madrid; y con mayor o menor sinceridad, Álvaro dijo las cosas que dijo del Madrid. Insisto en lo dicho: el único sentimiento del fútbol que no está en venta es el del aficionado, pero también tengo que decir que entre eso y el extremo contrario hay un punto intermedio, el de la sensatez, el de la normalidad, un punto que quizás haya cruzado Morata al decir, por ejemplo, que él soñaba con jugar en el Atleti desde que era recogepelotas; que me perdone Álvaro, o que no lo haga, me da igual, pero ha resultado un poco bochornoso escucharle decir esas cosas. Y como me parece que es un buen tipo y quiero salvarle de sus propias declaraciones, tiendo e pensar que son producto del dolor que siente por no haber podido triunfar en el Real Madrid. Pasará, Álvaro, como pasa todo.

Aunque, al oír el modo que Simeone tiene de dirigirse al Real Madrid, pienso que a lo mejor no es tan sencillo que pase. A los chavales que fueron ayer como público al Chiringuito les diría que el mejor entrenador de toda la historia del Atleti, el hombre que le ha dado a ese club la vuelta como si se tratara de un calcetín, el pope alrededor del cual gira la existencia del club rojiblanco, ese hombre... quiso jugar en el Real Madrid, pero el Real Madrid fichó a Fernando Redondo. No voy a volver a repetir aquí lo que dijo en su día el Cholo, buscad sus declaraciones en Google. Ha pasado un cuarto de siglo desde entonces y el ánimo de revancha sigue para él tan fresco, tan vivo, tan entero como cuando no le quedó más remedio que firmar por el Atleti procedente del Sevilla. Y a mi amigo Petón le digo: "Si de verdad piensas que al madridismo le sienta mal que Morata fiche por el Atleti... ¡corre a Neptuno Petón!" Como dijo una vez Valdano, el balance no se celebra... pero los 80 kilos que dejó ese jugador en caja tampoco se mueven. Y, cuando lo hagan, será para invertirlos en un futbolista capaz de cambiar por sí solo el rumbo de un partido.

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