El penúltimo raulista vivo

Coronavirus: el COI y el virus de la idiocia

Era un secreto a voces que la Eurocopa de Naciones, tal y como adelantó en El Primer Palo Felipe del Campo, iba a posponerse hasta el verano del año que viene para, así, intentar acabar las competiciones nacionales, si es que se puede, aprovechando precisamente la parte del calendario que se iba a emplear en esos menesteres. El único problema es que para esas fechas estaba prevista la disputa del nuevo Mundial de Clubes de la FIFA, y de todos es sabido que UEFA y FIFA no atraviesan ahora mismo precisamente por su mejor momento, pero en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, han sido capaces de encontrar un punto de entendimiento, el del sentido común, del que habitualmente andan tan escasos en el fútbol mundial. También se han retrasado la final de la Champions al 27 de junio y la de la Europa League al 24.

En España, y en lo tocante a las competiciones futbolísticas se refiere, los protagonistas también van a tener que negociar con cierta altura de miras, dejando a un lado los intereses personales y apostando por aquello que puede ser mejor para todos y no sólo para algunos. Luis Rubiales decía el otro día que, en lo que atañe a la Liga, se manejaban cuatro escenarios, y yo creo que los dos más probables, aunque eso no lo dijera el presidente de la federación, son dejar desierta la competición, o sea como si no se hubiera celebrado la Liga, o acabarla tal y como está si, Dios no lo quiera, esto se alarga en el tiempo y no se puede reanudar. Hay quien no se ha dado cuenta todavía de que estamos en plena crisis sanitaria mundial, que tenemos encima una pandemia de consecuencias médicas muy perniciosas y, en el futuro, peores consecuencias económicas, y, aprovechándose de esto quiere hacer su agosto. Que tal o cual club, como llevaba el otro día en su portada el diario Sport, esté pensando ahora en reclamar la Liga con la que nos está cayendo encima, es como para hacérselo mirar.

Otro que va a su bola, porque siempre ha sido así, es el Comité Olímpico Internacional, que en vez de estar pensando en los Juegos de Tokio debería poner todos los sentidos y los cinco aritos de su logo al servicio del cuidado de aquellos atletas que lo necesiten. Hace tiempo que el COI, como por ejemplo la ONU, no sirve absolutamente para nada y no entiende otra cosa que el tintineo del dinero cayendo de la caja registradora. Es verdad que Tokio 2020 empezará el 24 de julio, es cierto que incluso las previsiones más negativas indican que para entonces ya habremos salido, mal que bien, del atolladero, y también es verdad que lo que no puede hacer hoy el COI es decir que los Juegos no se van a disputar, todo eso es cierto; pero también es cierto que los atletas franceses, italianos y, sobre todo, españoles, no van a llegar de ningún modo en igualdad de condiciones que el resto de competidores porque no pueden entrenar ni, ahora, tampoco pueden salir de España para intentarlo en otro sitio. Han prometido que habrá adaptaciones en el sistema de clasificación y que se llevará a cabo una evaluación constante del brote de Covid-19 pero yo, qué queréis que os diga, no me fío. Ni creo tampoco que sea la solución. Un parche sí, la solución a la hemorragia no.

Sinceramente de una institución del rancio abolengo que se le supone al COI uno esperaba una capacidad de liderazgo que, evidentemente y de la mano de su actual presidente, no ha tenido. Una de las formas más efectivas de luchar contra el virus es la restricción estricta de movimientos y la ausencia de contacto físico: ¿Diez mil deportistas en Tokio? ¿Y unas clasificaciones que se otorguen a dedo o al tuntún? ¿Esa es la justicia que preconiza el COI? De su reunión de hoy se esperaba otro mensaje más institucional porque, además, resulta que ahora mismo el deporte está parado en todo el mundo, cuestión de la que parece no haberse percatado el señor Bach y los alegres chicos del COI. La convocatoria, queridos, no es a cerrar filas en torno a Tokio, no; la convocatoria debería haber sido a cerrar filas para frenar la enfermedad. El virus de la idiocia es lo que tiene.

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