El penúltimo raulista vivo

El chico que vive arriba y se entrena abajo

No parece que el debate sobre Raúl vaya a finalizar muy pronto, y todo ello a pesar del enorme empeño y el denodado esfuerzo que todos los raulistas estamos poniendo para que sólo se hable del éxito de Luis Aragonés. Pero no hay nada que hacer, no nos dejan. Te lías, te lías y te lías y el tema surge, así, como quien no quiere la cosa. Empiezas hablando del último Perú-Brasil y Raúl asoma la cabecita. Te pones a analizar el extraño caso del doctor Juan Román y Mister Riquelme y, de repente, Raúl llama a la puerta. Pongamos por caso El Tirachinas del lunes; estábamos hablando tan ricamente del partido entre los amigos de Zidane y los amigos de Ronaldo y volvió a salir Raúl. ¿Por qué? No tengo ni la más remota idea. Porque el lunes, después de hablar sobre Raúl en La noche de Abellán, volvimos a hacerlo en El Tirachinas. Y ayer, cómo no, volvió a salir a colación el capitán del Real Madrid.

Parece que existe cierto consenso, incluso entre los propios luisistas, a la hora de afirmar que el buen juego de los últimos partidos fue en buena parte fruto de la casualidad. Luis tuvo que improvisar, dejó arriba a un sólo delantero y reforzó el centro del campo con otro jugón. Pero Miguel Ángel Muñoz aportó anoche otro dato más, una circunstancia que había pasado inadvertida y que me llamó mucho la atención. Según la teoría aportada por Miguel Ángel, que sabe muy bien lo que se cuece ahí porque lleva un montón de tiempo siguiendo a España, los seleccionados presentes se picaron tanto con el hecho de que los periodistas sólo habláramos del 7 ausente, que se produjo una especie de conjuro para sacar como fuera los partidos adelante. Es el más difícil todavía, un triple salto mortal con tirabuzón y sin red: Raúl gana los partidos a distancia y sin jugar. No estuvo en el partido contra la pobreza, pero salió su nombre. No jugó contra Suecia, pero la goleada fue, en gran medida, fruto de la motivación provocada por el chico que vive arriba y se entrena abajo.

Porque, para acabar de fastidiarlo todo, Raúl se ha comprado la habitación de Michael Jackson y gracias a una cosa que se llama hipoxia ha conseguido convertirse otra vez en el centro de atención. Fernando Hierro nos decía que el debate sobre Raúl no se va a cerrar, pero no será porque los raulistas no estemos por la labor, que lo estamos, sino porque quien no está por la labor es el propio Raúl. El fútbol es la gran obsesión de este jugador del Real Madrid. Todo le vale si consigue estar mejor: controla escrupulosamente las comidas, duerme cuando debe, emplea el agua a punto de congelarse como una parte integral de la terapia y ahora utiliza la altitud como herramienta de trabajo. Quienes le rodean dicen que es la persona más tozuda con la que se han encontrado jamás, y ahora parece que se ha propuesto echarle un pulso al mundo. Siete mil millones contra uno. ¿Quién ganará?

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