El penúltimo raulista vivo

El caso Neymar

Esta mañana, y en relación con el caso Neymar, escuchaba a Paco Rosell, director de El Mundo, hablar de "juicio reputacional". El palabro resulta desagradable nada más oírlo, reputacional, ¡qué feo!... Pareciera el nombre de una enfermedad y, si nos paramos a pensarlo, igual lo es. No tiene por qué ser lo que ha pasado con Najila Trindade, o igual sí lo es, eso deberá determinarlo la justicia, pero es cierto que cada día que pasa aparecen más casos como estos, los de mujeres (u hombres, aquí no me quiero pillar los dedos, que no está el patio de lo políticamente correcto para ir por ahí cometiendo errores de principiante) que tratan de hacer su agosto a costa de un famoso. Neymar, además, sería hipotéticamente hablando el primo perfecto porque es fiestero, tiene fama de vivalavirgen y de importarle todo un comino, de modo que si yo quisiera buscarle un problema a alguien pensaría inmediatamente en él. Es el candidato diez.

Volviendo al palabro: lo del juicio reputacional ya lo hemos visto antes. En el caso concreto de Neymar, y a la espera de saber dónde y cómo acaba la denuncia por violación de la señorita Trindade, al futbolista ya se le ha juzgado y condenado. Ayer mismo conocíamos unas declaraciones del vicepresidente de la Confederación Brasileña recomendándole que no fuera a la Copa América porque un segundo vídeo estaba a punto de aparecer; y, efectivamente, el segundo vídeo ha aparecido; lo primero que me ha sorprendido ha sido la existencia misma del vídeo, la colocación estratégica del teléfono móvil, enfocando precisamente al dormitorio y con la cámara colándose justamente por el único resquicio que queda entre el pico de la cama y la puerta, entreabierta. Esto no exonera a Neymar, por supuesto; es posible que esta señorita cargue siempre el móvil así, grabando un vídeo, pero tampoco aporta pruebas de la culpabilidad del jugador, más bien todo lo contrario: en él se ve a Najila golpeando a Neymar y no al revés, de modo que si algo probara esta grabación es la agresión de la modelo al jugador del PSG y no al contrario. Pero esto es lo que pienso yo, y a lo mejor lo que piensa usted, pero resulta que este planeta lo habitamos casi ocho mil millones de seres humanos con sus ocho mil millones de formas distintas de pensar.

Pase lo que pase en el futuro y sucediera lo que sucediera en esa habitación, sea Neymar culpable o sea inocente, su reputación ha sufrido un daño irreparable. La denuncia de esta señorita puede afectar a Neymar en la relación que mantiene con sus patrocinadores (de hecho Mastercard ha suspendido una campaña que tenía prevista con él) y, ya puestos, puede afectar a su carrera profesional, y estoy pensando, por ejemplo, en el interés que pudiera tener algún club en ficharlo y que, con todo lo que ha sucedido, pudiera haber desaparecido del todo o, al menos, haber quedado difuminado. Pongamos que hablo del Real Madrid. Neymar ha perdido valor de mercado, hoy valdría menos que ayer y mañana probablemente valga menos que hoy. Si a eso le añadimos su enésima lesión, que empieza a resultar preocupante, y su irrelevancia en el terreno de juego salvo cuando se trata de la Ligue 1, Neymar ha pasado de golpe a convertirse en un producto difícil de vender.

Me imagino que tener un padre como el suyo tampoco ayuda, y con esto no estoy diciendo que sea una mala persona o un mal padre, en absoluto; lo que quiero decir es que si Neymar no hubiera nacido con ese don y se hubiera dedicado a ser, por ejemplo, mecánico de coches en Mogi das Cruzes, su padre no habría tenido que representarlo, no habría tenido que jugar a lo que no es y, sobre todo, no se habría convertido en el hombre avaricioso que quiere más, aunque ese "más" haya convertido a su hijo en el contorno de la sombra del futbolista que un día fue. ¿A quién se le ocurre contactar con una modelo a través de las redes sociales y subírsela a una habitación a las primeras de cambio... siendo Neymar? Siendo yo no es relevante pero... ¿siendo Neymar? Eso sólo habla de lo pésimamente aconsejado que está este chico, que es millonario para él y para varias generaciones futuras pero que, a sus 27 años, empieza a ver cómo se habla de su carrera en pasado: "Neymar fue", "Neymar era", "Neymar hacía"...

El juicio reputacional, como diría Paco Rosell, ha sido en cualquier caso posterior al juicio futbolístico, y ese no lo suspende el jugador por el qué dirán sino por el qué ven o, para ser exacto, por el qué no ven: últimamente no se ve a Neymar que, apagado, deambula por el campo como alma en pena. Hace mucho tiempo a Diego Armando Maradona le preguntaron por sus problemas con las drogas y lo explicó del siguiente modo: "Vivíamos en una casa de Villafiorito y, cuando llovía, el agua se filtraba por el techo y mi madre tenía que ir moviendo las camas; de repente me dieron una patada hasta el cielo: miraba a la derecha y no había nadie, a la izquierda y tampoco". Neymar mira a la derecha... y ve a su padre; mira a la izquierda... y también. Malo para él, para su carrera y para su reputación, que ya veremos si sale definitivamente dañada.

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