El penúltimo raulista vivo

El Cantar de mio Messi

En un supino y abracadabrante ejercicio de exageración literaria más propio de las dictaduras que de las democracias, ausente del todo de la mínima capacidad de autocrítica exigible a la profesión periodística, a Leo Messi han llegado a compararle recientemente ni más ni menos que con el mismísimo Rodrigo Díaz de Vivar, universalmente conocido como El Cid, héroe muerto en Valencia entre mayo y junio del año 1099. Según versión probablemente interesada de los monjes de San Pedro de Cardeña, que supongo que querrían convertir el monasterio en un centro de peregrinación, el cadáver del príncipe de Valencia, trasladado hasta allí por su viuda doña Jimena, permaneció oportunamente embalsamado y en posición de sentado hasta que fue enterrado... ¡diez años después!... ¿Realidad o ficción?... Desgraciadamente ya no quedan testigos vivos que puedan acreditar si aquello fue cierto y si, tal y como se cuenta hoy, mio Cid llegó incluso a ganar una batalla después de muerto.

En Barcelona, y significadamente esa curiosísima sociedad conformada por el periobarcelonismo y por los periodistas de bufanda antimadridista, han querido convertir a Leo Messi en otro Aquiles, un chico argentino educado por el centauro Quirón, hijo de la nereida Tetis y del mortal Peleo y vengador justiciero de la muerte de su amigo Patroclo. Alrededor de la figura de Messi, que es desde luego un jugadorazo, uno de los mejores que yo haya visto jamás, se ha tejido poco a poco, muy lentamente, día a día, hora a hora, minuto a minuto, segundo a segundo, probablemente sin que nos hayamos dado cuenta, un relato mitológico que no se ajusta del todo al hecho real. Pero, tal y como dijo el futbolista más completo de la historia, don Alfredo di Stéfano, ningún jugador es tan bueno como todos juntos, tampoco Lionel Messi. En Múnich, ante un Bayern que no se dejó intimidar por sombras chinescas, pudo verse claramente que es un error jugar con uno menos.

La diferencia entre Vilanova (y Guardiola) y Mourinho es que anoche, de haber estado el portugués en el banquillo del Barça, Messi no habría jugado el partido. Eso le habría supuesto a Mou para abrir boca otra campaña en contra en la prensa y, ya a posteriori y de haber terminado el partido con un 4-0 sin Leo en el campo, unas críticas feroces contra su persona, un ruido que sólo es capaz de soportar Mourinho sin tapones en los oídos. Messi no estaba bien ayer y, aún así, el cuerpo técnico culé prefirió mostrar la sombra del argentino desde el principio buscando un efecto similar al obtenido ante el PSG, el relato que faltaba para dedondear y dar forma a la fama de dios del jugador argentino. José María Minguella lo confesó en Cope: "El padre de Messi me ha dicho a mediodía que no estaba para jugar". Pero en el partido más importante del año para los culés, Vilanova se acobardó y prefirió perder con diez en el campo a tratar de ganar el partido con once jugadores sanos. Entiendo a Tito porque dejar en el banquillo a Aquiles tiene su miga. A la vista está que una cosa es el alta médica y otra bien distinta el alta competitiva.

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