El penúltimo raulista vivo

El autobús de farolín

Javier Clemente dice que la prensa de Madrid se ha tirado durante toda la semana hablando del autobús que su Murcia va a colocar por delante de Carini, pero eso es falso porque la prensa de Madrid, que, por otro lado, es la más desapasionada de todas las prensas, mucho más, desde luego, que la de Bilbao, no ha podido emplearse a fondo con el autobús de Clemente, a quien mi querido Parrado bautizara un día como farolín, debido al Liverpool-Arsenal, la aluminosis culé y la eliminatoria del Coliséum entre David y Goliath. Cómo sería la cosa que incluso pasó inadvertido el regreso de Van Nistelrooy, abandonado mediáticamente a su suerte en su vuelta a los ruedos de Valdebebas. No había pitado Mejuto el final del partido contra el Valencia y Clemente ya estaba hablando del Real Madrid y de la afición del estadio Santiago Bernabéu. Lo más reciente que ha dicho, en los micrófonos de Radio Marca, es que en una ocasión un loco le sacó una navaja.

La táctica de Clemente no es nueva. Ahora pretende calentar un partido que llega congelado a Madrid puesto que el Real es el líder destacado de la Liga mientras que el Murcia lucha desesperadamente por evitar el descenso a Segunda División. La obsesión de farolín con el Real Madrid no es nueva, y en su día ya emprendió una campaña contra Míchel, la tomó con Buyo y acabó llamando cobarde a Hugo Sánchez. Es posible que su fijación responda al hecho de que hubo un instante, muy pequeño, en que un presidente del Real Madrid pensó en él como futuro entrenador de la primera plantilla, pero aquello no cuajó y, desde entonces, Clemente sueña con el Barça y tiene pesadillas con el Madrid. Si es cierto que un botarate le sacó en una ocasión una navaja, Clemente tendría que haber denunciado inmediatamente aquel hecho y, una vez informada de lo sucedido la policía, localizarse al agresor y darle su merecido legal: tolerancia cero para los violentos en el fútbol. Pero, ¿a santo de qué viene recordar ahora, tres días antes de volver a Madrid, aquella historia que el técnico vasco rescata del baúl de los recuerdos? ¿Dejarán de insultarle después de sus declaraciones o conseguirá justo el efecto contrario?

La prensa de Madrid no ha debatido ni un minuto, ni un sólo segundo, acerca de la táctica que Clemente empleará el domingo en el estadio Santiago Bernabéu porque yo creo que, en mayor o menor medida, todo el mundo da por hecho que, como suele suceder siempre con todos sus equipos, Javi situará una flota de autobuses y tres o cuatro trolebuses por delante de su portero. Es la marca de la casa. De hecho, aunque esto no sea demostrable, creo que si Clemente entrenara al Arsenal en lugar de hacerlo Arsene Wenger, el equipo londinense jugaría del mismo modo, arropando con varios autobuses al bueno de Almunia. Sobre el resto, lo ideal sería que jugadores, directivos y, por supuesto, entrenadores rebajaran un poquito la agresividad de sus declaraciones. Tolerancia cero con la violencia dentro de los estadios de fútbol, pero también máxima responsabilidad por parte de sus actores principales con objeto de cortocircuitar a los violentos en lugar de pellizcarlos para que salten. Javier Clemente siempre ha pensado que el fuego se apaga mucho mejor con gasolina; tampoco coincidimos en eso.
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