El penúltimo raulista vivo

Ébola FIFA

Diez días después de su brillante empate a dos, que bien pudo haber sido una victoria, con el Barcelona en el Nou Camp, el Real Madrid regresa ahora del parón de la Liga (sí, aquella competición que se jugaba en España entre veinte equipos, no sé si la recuerdan bien) más o menos como debió hacerlo el ejército de Godofredo de Bouillón de la primera cruzada, diezmado, agotado, con hambre atrasada, mal vestido, mal afeitado y derrotado por el estrago del virus de la FIFA, que de ser una gripecilla de nada ha pasado a convertirse en el Ébola sin que nadie se dé cuenta. El parte de guerra es el siguiente: Marcelo y Arbeloa K.O. y Benzema, Higuaín, Ramos, Pepe y Khedira tocados de diferente consideración; si a todo ello le añadimos también la lesión de Coentrao, que es de otra guerra, no es de extrañar que Mourinho evite al precio que sea leer los diarios digitales o encender la radio o la televisión.

Los internacionales del equipo blanco se fueron de marchuqui el 7 de octubre. Por aquellos lejanos días la sensación imperante no era otra que la de que el técnico había sabido recomponer las costuras psicológicas del equipo, un tanto relajado tras la Liga de los records y la heroicidad que supuso sin duda arrebatársela al mejor Barça de la historia según todos los especialistas en la materia consultados. Puede que también haya tenido algo que ver en el mal arranque liguero (ya lo dejó entrever el otro día el mister en la fantástica entrevista concedida a Real Madrid TV) el hecho de que España, en la que además de Xavi, Busquets e Iniesta hay también al parecer algún que otro futbolista madridista que suele jugar, se proclamara brillante campeona de Europa mientras que Alemania y Portugal, en las que también milita algún madridista que otro, llegaran tan lejos. Entonces Mou heredó un problema ajeno y vuelve a heredarlo ahora, cuando las cosas parecían enderezarse. O, para expresarlo más gráficamente: Nadie, por muy bueno, hábil y trabajador que sea, manda sus naves a luchar contra los elementos.

Mourinho, que es un verdadero adelantado a su tiempo, es plenamente consciente de que el encaje de estos dos calendarios, el de clubes y selecciones, está hecho con los pies, pero creo que conoce también mejor que nadie que el colectivo del fútbol, y por supuesto el de los entrenadores y directores deportivos, es esencialmente cobarde y profundamente sumiso y seguirá inclinando por lo tanto la cerviz al paso de Joseph Blatter. Aunque sólo sea por una simple cuestión numérica, el riesgo al que está expuesto el club que aporta mayor número de internacionales a sus respectivas selecciones (y éste no es otro, en el caso que nos ocupa, que el Real Madrid) es mayor que el del resto. Y si, como desafortunadamente ha ocurrido ahora, se conjuran de golpe todas las brujas, el equipo que recibe Mou es uno tan chamuscado como el ejército de Godofredo de Bouillón que regresó de la batalla de Dorilea . Ahora toca rezar y encomendarse a todos los santos. Y que no se le ocurra a nadie protestar porque encima le mandan por delante al turco Erzik, que es el coco de Platini.

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