El penúltimo raulista vivo

Doblete para Fabio

Tras enterarse de los insistentes rumores que apuntaban a Fabio Cannavaro, la sonrisa del régimen italiano, como próximo ganador del FIFA World Player, un barcelonista me espetó a la cara lo siguiente: "¡Me estáis quitando las ganas de ver más fútbol!". Es otra muestra más de la tradicional melancolía azulgrana, ese innato complejo de persecución que, junto al carné de socio, les entregan en las oficinas del club cuando van a recoger el abono para la próxima temporada. Porque un buen culé, un culé de raza, un culé que se precie, un culé de rancio abolengo o es un aficionado perseguido desde su más tierna infancia o simplemente no es culé. Maldita la importancia que le habrían dado al premio de la FIFA si Cannavaro continuara jugando al fútbol en la Juve o hubiera fichado por el Matalascañas, pero Cannavaro juega en el Real Madrid, equipo que, en la cultura culé, es el gran conspirador y el único beneficiado.

Resulta que unos señores de Francia decidieron regalarle por iniciativa propia un balón pintado de oro al defensa italiano y pareció que el estadio Santiago Bernabéu fuera el mismísimo averno en el que se hubieran cocinado los votos la noche anterior. Ahora sucederá tres cuartos de lo mismo, ya lo verán. La entrega del premio a este rudo Lee Van Cleef italiano coincide en el mal tiempo, por si fuera poco, con el regreso de Japón de la expedición del Barça, hundida y con las orejas gachas tras la decepción en el Ridiculito. Habría que añadir también que el favorito número uno para ganar el premio no era otro que Ronaldinho, de forma que ya estoy viendo las portadas de la prensa deportiva catalana: "La FIFA no juega limpio" o "¡Atraco!", bajo una foto del crack brasileño. Ya no tienes por qué levantarte de la cama, Casanovas, puedes seguir durmiendo.

Pobre conjura merengue sería esa de conseguir que le dieran una estatuilla de bronce a un futbolista que acaba de llegar al Real. Pobre y, por otro lado, complicadísima puesto que aquí votan los entrenadores y capitanes de las doscientas siete selecciones mundiales. ¿Estaríamos hablando de una alianza planetaria? En Can Barça solían repetir durante la prehistoria aquella cantinela vacía de que el Real Madrid ganaba las Ligas en los despachos; mal negocio habrían hecho ahora en la casa blanca si, pasados los años, tuvieran que ganarle un premio por teléfono a uno de sus jugadores. Llama la atención, eso sí, que Cannavaro vaya a ser uno de los pocos privilegiados en conseguir el doblete. Los otros fueron un tal Marco van Basten, un tal Roberto Baggio, un tal George Weah, un tal Zinedine Zidane, un tal Rivaldo, un tal Ronaldo y un tal Ronaldinho. Pecata minuta.

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