El penúltimo raulista vivo

Doble K

Decía Marco Van Basten que si él había tenido diez entrenadores, uno le ayudó, siete no le aportaron absolutamente nada y dos fueron a hundirle la carrera. Paradójicamente, y a pesar de que el Real Madrid sufrió lo indecible ante el Bayern y pese a que muchos no entendieron (no entendimos) su alineación, si hubiera que individualizar el éxito del Real Madrid de estos últimos tres años, habría que hablar del éxito de Zinedine Zidane, que cogió un Real Madrid, el de Rafa Benítez, que estaba en la UVI, y que dos años y cuatro meses más tarde ha ganado 8 títulos, dos Copas de Europa consecutivas, y que el 26 de mayo va a luchar por su tercera Champions seguida. Si nos quedamos con el primer plano de lo acontecido anoche en el Bernabéu, a Zidane le entró un ataque de entrenador; si ampliamos el plano hasta convertirlo en una imagen cenital, Zidane se ha convertido en uno de los mejores entrenadores de la historia del club blanco.

A posteriori, viendo el sufrimiento, podemos decir que Zidane no atinó con la posición de Lucas Vázquez, erró al emplear a Luka Modric en tareas defensivas y marró al sacar a Kovacic y sentar a Casemiro. Pero esto lo vemos después. También es probable que con Carvajal en el lateral diestro, Modric mandando en el centro del campo y Casemiro barriendo, el Real Madrid hubiera sufrido igualmente. Olvidamos que enfrente estaba el Bayern, cinco veces campeón de Europa y, por detrás del Madrid, probablemente el equipo más importante del mundo. De Zidane no creo que ninguno de sus jugadores diga lo que dijo en su día Marco Van Basten. Para castigarle, para humillarle, los enemigos de Zizou, que aunque es un hombre elegante también los tiene, dicen que es un alineador, que tiene una flor, que no sabe de tácticas, que carece de carácter... Pero Zidane ha defendido, él solo y contra viento y marea, contra todo y contra todos, a los dos grandes triunfadores de la noche del martes, Keylor Navas y Karim Benzema, una doble K desacreditada, en ocasiones, desde dentro del propio madridismo.

Me llamó la atención que el otro día nadie le preguntara a Zidane por su decisión de no incorporar a Kepa en el mes de enero. El argumento del entrenador del Real Madrid era debilísimo: "Con Keylor hemos ganado, entre otras cosas, dos Copas de Europa", mientras que el de aquellos que querían que trajera ya a Kepa era imbatible, que es un portero de futuro. Ese y su buen partido del otro día en el Bernabéu con el Athletic. Pero el otro día, en 90 minutos, Keylor ganó todo el crédito que algunos le habían hurtado pese a ser protagonista en esta época dorada del Madrid. El otro triunfador fue Karim Benzema. Sus dos goles han clasificado al Real Madrid para su tercera final europea consecutiva, la decimosexta de su historia. El primero tras un buen remate de cabeza, el segundo después de un error monumental del portero y la pillería de un delantero que estuvo donde tenía que estar.

Tanto Benzema como Navas llegan vitaminizados y mineralizados a la final del 26-M y su reconstituyente se ha llamado Bayern de Munich. Si un partido le quitó la razón a Zidane al poner 90 minutos como lateral a Lucas, una temporada le ha dado la razón al confiar en Keylor Navas y en Karim Benzema. Claro que el crédito del Real Madrid, de Zidane, de sus jugadores, del presidente del Real Madrid, no es que no sea infinito sino que se acabó el martes a las diez y media de la noche. Resulta desolador leer, escuchar o ver cómo se zahiere una y otra vez a este equipo, haga lo que haga, gane o... gane. Es posible que la revolución tenga que llegar, es probable que haya que fichar, pero ahora, hoy, en este momento, esta generación de futbolistas ya ha hecho historia, con h mayúscula. Aunque "respeto" es una palabra que no existe en el diccionario de muchos, qué se le va a hacer...

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