El penúltimo raulista vivo

Dirigentes pequeños, cara dura y nómina gigantesca

Tanta gente espera a Guti que resulta hasta cierto punto comprensible que haya quien, conducido por el apasionamiento del momento, quiera llevárselo de golpe y porrazo al Mundial después de una jugada genial. Yo, que ya no quiero desesperarme con él, doy por hecho que José María volverá a marcharse a comprar tabaco a las primeras de cambio y que, como le ocurría al Willy Christmas del Tombuctú de Paul Auster, regresará dentro de seis meses para seguir con sus cosas. Con el Atlético de Madrid pasa algo similar; hay tanta gente esperándole que cuando logra eliminar al Celta de Vigo, un Segunda, de la Copa, todos gritan "¡al Mundial!", pero resulta que el día que el Málaga visita el estadio Vicente Calderón, los Ujfalusi, Perea, Jurado y Simao se marchan de repente a comprar tabaco. La pregunta del millón es ahora mismo la siguiente: ¿llegarán a tiempo los futbolistas del Atlético de Madrid para jugar las semifinales contra el Racing?... He ahí el dilema. Si yo fuera del Atleti no les esperaría.

Aunque el problema del Atlético de Madrid, y ya lo hemos comentado más de una vez y más de diez, no es la calidad de su plantilla, que también, sino el profundísimo letargo en el que anda inmersa la institución, empezando por supuesto por sus dirigentes. Enrique Cerezo y compañía están dormidos, que no durmiendo, y ya no reaccionan por nada ni por nadie. Sánchez Flores, que ha dado motivos suficientes con sus declaraciones para ser destituido al instante, sigue ahí, mucho más envejecido que cuando llegó hace tres meses; y García Pitarch, que es un auténtico desastre a la hora de fichar, continúa también en su puesto; y los jugadores que están destinados a tirar del carro desprecian olímpicamente y en público al club que les paga sin que se produzca la menor reacción por parte de nadie. Y en esta ocasión tengo que volver a referirme a Diego Forlán, un tipo modélico hasta hace dos días pero que, como le ha pasado a Xavi con el Balón de Bronce, debe ser que no acaba de digerir la Bota de Oro.

¿Cómo puede decir Forlán que el Atlético de Madrid no es un club grande? ¿Cómo puede decirlo sin que nadie le salte al cuello?... Eso no es admisible. Demos por hecho que le hayan llamado la atención en privado, cuestión esta que tampoco me creo; de ser así también estaría mal hecho porque la ofensa de Forlán se produjo en público. Si Forlán, quien por cierto cobra una nómina gigantesca de un club que para él es minúsculo, insultó delante de todos al equipo que le paga, la bronca de los propietarios o la rectificación del empleado han de producirse también delante de todos. ¿Por qué?... Muy sencillo: hoy hay un montón de seguidores colchoneros atados de pies y manos, huérfanos de defensa e impotentes por no poder soltarle cuatro frescas a la cara a un futbolista que ha sido mimado por todos desde el primer día que aterrizó en Madrid. El Atlético de Madrid es ahora mismo un club pequeño, sí, pero por sus dirigentes; aunque el sueldo de Forlán, que tiene una cara de cemento armado, es gigantesco. ¿Perderá también este tren Cerezo?... Yo no perdería mi tiempo esperándole en la estación.
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