El penúltimo raulista vivo

Diego Costa ya no necesita más cariño

Brasileño en España y español en Brasil, condenado a ser extranjero en sus dos patrias, todo hace indicar que a Diego Costa le han hecho la envolvente; el chico se fió de Vicente del Bosque, que llevó a cabo con él un ritual muy similar al del pavo real macho cuando pretende aparearse con una hembra, desplegando sus luminosas alas para convencerle de todo lo bueno que tendría renunciar a la selección del país en el que nació, y acabó pegando un portazo en las narices de Scolari, que por aquel entonces era el jefe de la pentacampeona mundial. Costa estaba muy agradecido al fútbol español por su buena estrella, y más concretamente al Atlético de Madrid por confiar en él, quería demostrarlo de algún modo y renunció a jugar un Mundial con Brasil con todo lo que ello conlleva. Supongo que la decisión no sería nada fácil pero el despliegue de las alas de Del Bosque acabaron por inclinar la balanza... ¿Y ahora?...

A Costa le costó mucho adaptarse. Vicente del Bosque tiene un modo muy monjil de hacer grupo y las tácticas de combate de Diego sobre el campo, ese modo suyo tan llamativo de pegarse por cada balón, nunca acabó de encajar del todo en el convento español. No es sólo que el jugador del Chelsea (esa es otra, el Chelsea del malvado comeniños español José Mourinho) se saltara Laudes y Prima sino que también pasaba de Tercia y llegaba siempre tarde y con legañas a Sexta y Nona, colocando en un brete al seleccionador. A Costa, como decía, le costó mucho adaptarse al juego de España y eso que a su club le iba muy bien en la Premier y él se estaba saliendo como en el Atleti; además, la versión más cursi del periodismo deportivo cuestionaba cada vez con mayor intensidad la idoneidad de encajar a Diego en un microclima con tan buen rollo: "¿Un jugador que se encaraba con los defensas o que escupía?... ¡Por Dios!... Mucho mejor tener a Piqué, que escupía fuera".

El caso es que, bajo la excusa de que no podía jugar uno de los dos partidos por sanción, Diego Costa no ha ido a la última convocatoria, la que certificó el viernes la clasificación de España para la Eurocopa del año que viene. Poco a poco, muy lentamente, aquel delantero brasileño que renunció a jugar un Mundial en Brasil con su selección de cuna, se ha ido descolgando. Alcácer, que juega poco en el Valencia, le ha quitado el puesto porque, además, Alcácer sí las enchufa. La persecución a todo lo que huela a Mourinho es tal que, en una de las últimas convocatorias, una periodista de Televisión Española llegó a preguntarle a Del Bosque si convocar a tantos jugadores del Chelsea no aumentaría el ego del entrenador portugués. Hoy Costa ya no necesita cariño; ayer sí, hoy no. Y, como en el caso de Arbeloa, de quien también se deshizo, Vicente reconoce en público que hay cosas que no le gustan. Y con la puerta de Dunga definitivamente cerrada, al pobre Costa, brasileño en España y español en Brasil, ya no le queda más remedio que esperar, esperar, esperar... hasta la guillotinazo final.

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