El penúltimo raulista vivo

Diego Costa no tiene la culpa

Si Diego Costa no fuera el consumado goleador que ya demostró ser antes en el Atlético de Madrid y que ahora está corroborando en el Chelsea no sería en modo alguno justificable su presencia con España ni la auténtica locura que supuso que se decantara por nosotros para jugar el Mundial. No debió resultar nada sencillo para el chico renunciar a su Brasil natal por mucho que Scolari no fuera a llevárselo; cualquier esfuerzo resultó comprensible, más aún viendo cómo se las gastaba aquella máquina con Simeone. Entre Costa y Courtois pusieron en órbita al Atleti, que ganó la Liga y jugó la final de la Champions, pero a Thibaut no había modo humano de nacionalizarle español así que... ¡Diego Costa!

Tampoco sería justificable convocar a un Costa goleador en España pero romo y en baja forma en la Premier, llevarlo con España sólo por lo que fue en el pasado reciente, pero resulta que el chico cambió de Liga, de equipo, de compañeros, de entrenador, de país, de comida y hasta de clima... pero sigue marcando goles al mismo ritmo que el churrero hace los churros. Incluso se debatió sobre el carácter de Diego, que a mí me encanta, y hubo más de un santón a quien no le gustó la idea de mezclarle con los nuestros no fuera a pudrir el cesto. Pero Costa, que marcaba la diferencia en el Atleti y ahora lo hace en el Chelsea, no ha dado motivos para que la señorita Rottenmeier se ofusque o se lleva las manos a la cabeza, más bien al contrario.

Así que Diego Costa marca goles con el Atleti y con el Chelsea, aquí y en Inglaterra, con Simeone y con Mourinho, a pase de Koke o a pase de Cesc (los dos, por cierto, internacionales) pero no marca ni un gol con España, ni uno. No puede tratarse de la racha del goleador puesto que el chico juega con el Chelsea y marca y es feliz, viene con la selección y no lo hace y se deprime y vuelve a su equipo y marca otra vez y recupera la felicidad. El único que cambia es el entrenador, que es Del Bosque, y el sistema de juego. Y una de dos: o se sustituye al seleccionador o, si se quiere seguir convocando a uno de los mejores goleadores del mundo, se cambia de sistema. Pero Del Bosque, que sigue aferrado al cargo y que no pide clemencia, no parece dispuesto ni a una cosa ni a la otra. Tal y como yo lo veo, una solución intermedia sería que Vicente llamara a Mourinho para pedirle consejo pero a lo mejor tampoco le gusta a Del Bosque.

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