El penúltimo raulista vivo

Diagnóstico: petrificación

No puede ser casualidad el hecho de que varios madridistas de corazón y de carné, socios indudablemente comprometidos con la causa blanca y que llevan ocupando el mismo asiento del estadio Santiago Bernabéu desde que debutara José Martínez "Pirri" por lo menos, coincidieran punto por punto, y sin conocerse, en el diagnóstico que me hicieron de la situación por la que atraviesa el Real Madrid. El único sabor a hiel que les dejaba la Liga era el que, según ellos, vendría del inmovilismo en las altas esferas que provocaría la obtención del título. Gramo a gramo, la alegría del campeonato pesaba bastantes kilos más, dónde iba a parar, pero no podían por menos que reconocer que la Liga produciría el efecto perverso de una parálisis que acabaría siendo de nuevo nociva para el club de sus amores.

El problema parece ser ahora qué hacer con Fabio Capello. Parece bastante claro que el italiano no seguirá, de lo contrario sería difícilmente explicable la rueda de prensa que ofreció ayer, justo a la finalización del partido contra el Mallorca, teñida de constantes alusiones a Calderón y a la profunda soledad que sintió durante gran parte de la temporada. El caso es que en el mes de febrero se vio claramente que el Madrid afrontaba su quinto año consecutivo sin títulos y entonces se tomó la decisión de variar el rumbo del equipo ofreciéndole a Bernd Schuster el banquillo merengue. En julio de 2006 Mijatovic le quitó de la cabeza a Calderón la idea de traer al alemán, y en febrero de 2007 se produjo el efecto inverso y el presidente convenció al director deportivo de que Schuster era la mejor opción. De ahí que Capello se sintiera tan sólo y anoche decidiera pasar factura: "el título lo ganamos nosotros en el campo". A los otros, ni agua.

A lo mejor Calderón me sorprende y convoca elecciones a la presidencia, aunque no lo creo. Porque Capello es sólo uno de los problemas que tiene el club. Habrá quien prefiera seguir pensando que una Liga se puede ganar exclusivamente con el corazón, pero lo cierto es que en ésta, la que acabó ayer con Raúl montado en una grúa del ayuntamiento y colocándole una bufanda a La Cibeles, se han dado tantas carambolas seguidas que parece imposible que vuelva a repetirse por lo menos en otros cien años. El Real Madrid ha ganado la Liga porque le puso corazón y fe, de acuerdo, pero también porque el Barcelona falló inexplicablemente. Aún así, ambos equipos han acabado igualados a puntos. En realidad el héroe no es Capello, responsable directo de ocho meses de vaivenes y fútbol sin sentido, sino Raúl Tamudo. A ese sí que habría que ponerle una placa en el estadio Santiago Bernabéu.

Pero, por lo que he podido oírle ya a Calderón, no creo que el presidente vaya a verse a sí mismo como otro problema, más bien al contrario. Tal y como auguré, la digestión será pesada y tanto él como su director deportivo, a quien el puesto le sigue viniendo indudablemente grande, seguirán ahí, clavados, tiesos, petrificados, con Capello o sin él, con Schuster o con otro, con Kaká, Cesc y Robben o sin ninguno de ellos, qué más da. La Liga lo tapa todo. Y, aunque en público distribuyan todo el mérito entre la plantilla y el cuerpo técnico, en privado se la apuntan ellos dos, Ramón y Pedja, Mijatovic y Calderón, por todo lo que aguantaron y por todo lo que sufrieron. Servirán calentita la cabeza de Fabio y a otra cosa mariposa. No en vano tienen tres años más de contrato.

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