El penúltimo raulista vivo

Después de España naide y después de naide Brasil

País. Si yo tuviera que elegir algo que pudiera distinguirnos a los españoles del resto de ciudadanos del mundo, una especie de antojo común que nos hiciera sentir como en casa y fuera capaz de salvaguardarnos de los devastadores efectos globalizadores de esta gris aldea de jeans, fast food y Pop-Art en la que todos somos, pensamos y consumimos cosas muy parecidas, me quedaría sin dudarlo con la fiesta de los toros; yo y millones de personas del planeta Tierra que, en cuanto oyen un Rodríguez, un Gómez o un Sánchez, nos gritan entusiasmados "¡olé!", como si aquí existiera la tradición de que nuestras madres fueran a dar a luz al albero, y los niños españoles jugaran a ser el Viti o Paco Camino e imitaran sus verónicas y sus chicuelinas. Pues bien: el parlamento catalán acaba de sentar en el banquillo de los acusados a la fiesta española por antonomasia, y el maestro José Miguel Arroyo, "Joselito", no ha podido responder a algunas preguntas debido a la ausencia de un simple traductor. País.

Es curioso: por la mañana encausaban a Joselito tratando de ponerle entre la espada de la ignorancia y la pared del prejuicio, (aunque el maestro templó como mandan los cánones) y tan sólo seis o siete horas más tarde el público del estadio de Saint-Denis, que como podrán suponer era en su inmensa mayoría de nacionalidad francesa, despedía a la selección española de fútbol con gritos entusiasmados de "¡olé, olé, olé, olé!"... No habría recibido más vítores y parabienes ni habría podido encontrar más hombros disponibles para salir por la puerta grande el equipo de Vicente del Bosque si en vez de haber acabado jugando con Casillas, Arbeloa, Albiol, Piqué, Ramos, Busquets, Senna, Xavi, Güiza, Navas y Torres, lo hubiera hecho con Belmonte, el Gallo, Domingo Ortega, Manolete, Pepe Luis Vázquez, Bienvenida, Ordóñez, Curro Romero, el Viti, Paco Camino y Luis Miguel Dominguín.

Quedan 100 días aproximadamente para que empiece el Mundial y esta España sigue jugando al fútbol como los auténticos ángeles y demostrando, como sucedió ayer, que es muy superior a sus rivales por mucho que estos puedan llamarse "Francia" y apellidarse "actual subcampeona del mundo". Salvo sorpresa morrocotuda, España será junto a Brasil la gran favorita a vencer en Sudáfrica; y tendría que ser, como digo, una sorpresa de un grado superlativo que al menos no alcanzara las semifinales puesto que el seleccionador no cuenta sólo con veintitrés jugadores de calidad sino al menos con cuarenta que no desentonarían en absoluto. Ayer sin ir más lejos, cuando Xavi y Torres, dos de los fijos-fijos, saltaron al campo, el marcador ya reflejaba el 2-0 del final. De forma que entiendo que los aficionados españoles, que hemos sufrido tanto y lo hemos pasado tan mal y que creíamos que una tara genética nos impediría pasar de los cuartos de final y nos mantendría para siempre en el ostracismo del fútbol, parafraseemos con orgullo y alegría al inmortal Guerrita cuando dijo aquello de "después de mí naide y después de naide Fuentes". Olé, olé, olé y olé. Sin necesidad de traductor. 
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