El penúltimo raulista vivo

Desde el cariño

A fe mía que habría preferido mil veces que me sacaran una muela a tener que volver a referirme jamás a este asunto, pero el caso es que si no lo escribo reviento: Vicente del Bosque ha recogido hoy mismo la insignia de oro del Comité de Entrenadores de la Comunidad Valenciana porque la recibe "desde el cariño", sin que, según él, este asunto tenga absolutamente nada que ver con la otra insignia, la que pretende entregarle el Real Madrid, su casa deportiva durante la friolera de treinta y cinco años. No lo han entendido así (me refiero, por supuesto, a lo de que un acto y otro no tengan nada que ver ni estén relacionados entre sí) la legión de antimadridistas, que, a buen seguro, ya estarán empleando contra el club esta nueva y valiosa munición suministrada por el actual seleccionador nacional de fútbol y a la sazón, y porque lo quiso el Rey, Marqués de Del Bosque.

La cosa es fácil: si Vicente recibe el homenaje de sus colegas valencianos porque éste se produce "desde el cariño" y, como todo parece indicar, finalmente no acepta el del Real es por la sencilla razón de que, en su opinión, la entrega de la insignia de oro y brillantes por parte del Madrid se produce... ¿desde el odio? Y yo me pregunto: ¿Cómo se homenajea a alguien desde el odio?... Fue desde el cariño y el respeto que el Real Madrid se fijó en aquel chaval pausado pero con una técnica envidiable que despuntaba en el Club Deportivo Salmantino, filial de la Unión Deportiva Salamanca, y le puso a jugar en el Castilla; fue desde el cariño y desde la esperanza de que allí hubiera realmente una perla que el club le cedió por un año al Córdoba y por dos al Castellón, para acabar quedándose definitivamente con él para el primer equipo.

Fue desde el cariño de todos los entrenadores, presidentes, aficionados y jugadores que Del Bosque, a quien Héctor del Mar apodó Cámara Lenta, se hizo con un puesto fijo en el once titular y lo retuvo, con altibajos, durante once temporadas. Desde aquel cariño de la titularidad en el club de fútbol más importante del mundo fue desde el que Del Bosque dio el salto a la selección nacional, con la que llegó a jugar en 18 ocasiones. Retirado en loor de multitudes blancas como futbolista en activo, a Del Bosque se le dio más cariño incorporándole como técnico a las categorías inferiores lo que posibilitó posteriormente su salto al banquillo del primer equipo. Ese cariño acumulado durante siete lustros ha convertido a Vicente en lo que es hoy: un entrenador con éxito y reputación, agasajado allá por donde va y campeón mundial por primera vez en toda nuestra historia.

El problema de Del Bosque, y se lo digo desde el cariño que sabe que le tengo y el respeto que le profeso desde muchísimo tiempo antes que se supiera que iba a ser seleccionador, pero también desde la más descarnada sinceridad, es que no se ha dado cuenta aún de que hace años que le ganó su pulso a Florentino Pérez, que no es el Real Madrid sino únicamente uno de sus presidentes. Florentino pasará como antes que él pasaron también los hermanos Padrós, Meléndez, De Carlos, Mendoza, Sanz y hasta el mismísimo Santiago Bernabéu, pero el club y su agravio, si es que al final llega a producirse, permanecerán para siempre. Tu error, Vicente, no corregirá aquel otro de hace siete años. Y esto te lo digo desde el cariño.

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