El penúltimo raulista vivo

Demasiado sábado para Arsene Wenger

Del sorteo del viernes de los cuartos de final de la Champions cabe extraer otra lectura positiva más para el Real Madrid además del emparejamiento Barça-Atleti y del nombre del rival directo, el Borussia de Dortmund, que como dije ayer ofrece una posibilidad de revancha. El Madrid también eludió al Chelsea, que a mí me parece el equipo más fuerte que les podía tocar en (mala) suerte a los blancos. Y, a título estrictamente personal, también logro ver aplazada al menos por un tiempo la preguntita de marras: "En una final entre Real Madrid y Chelsea, ¿tú con quién irías?"... Ya he respondido mil veces a esa falsaria cuestión pero eso da absolutamente igual porque en realidad el objetivo de la pregunta no es, por supuesto, encontrar una respuesta sino faltarme al respeto dando a entender que yo quiero más a Mou que al Madrid, que como todo el mundo sabe es el equipo de mis amores. Cuando Mourinho se fue no perdí un entrenador sino que gané un equipo, aquel al que él vaya a entrenar y que ahora es el Chelsea pero que en el futuro puede ser otro cualquiera. Salvo que el portugués dirija al Barcelona, cuestión harto difícil, mi segundo equipo será siempre aquel en el que esté José Mourinho.

Desde luego que pasan bastantes más cosas en siete minutos de un partido cualquiera del Chelsea de Mourinho que en setecientos minutos de un partido cualquiera del Bayern de Guardiola, por poner un inocente ejemplo. Ayer, en la fiesta de celebración de los 1.000 primeros partidos de Arsene Wenger en el banquillo gunner, Eto'o hizo el primero a los cinco minutos, Schürrle el segundo a los siete y a los diecisiete Hazard provocó un penalti por claras manos de Oxlade-Chamberlain dentro del área (más bien bajo palos) aunque luego Andre Marriner expulsara erróneamente a Gibbs, que pasaba por allí. 4-0 al descanso y 6-0 al final del encuentro. El Arsenal fue siempre un juguete en manos del Chelsea y viendo el partido tuve la sensación de que alguien (Mourinho, desde luego, no) decidió levantar el pie del acelerador para evitar infligir una humillación a todas luces innecesaria en futbolistas que hoy son rivales pero que al fin y al cabo no dejan de ser compañeros de trabajo. Demasiado sábado para Wenger.

Mourinho ni siquiera tuvo la paciencia necesaria para esperar a que acabara el partido y se levantó del banquillo a falta de dos minutos para llamar por teléfono a su mujer. Wenger sólo acertó a exclamar lo siguiente: "Lo siento, se va el autobús". Y es cierto, proféticas palabras las del estrasburgués. El autobús de la Premier vuelve a escapársele al Arsenal aunque al menos esta temporada haya aguantado en las quinielas casi, casi hasta el final. Wenger es uno de esos claros ejemplos de entrenador eminentemente mediático que hace tiempo que entró en una rueda más periodística que futbolística y que lleva más de la mitad de su vida profesional sin saborear las mieles del éxito. Hay quien, intuyo que por un motivo similar por el que a mí me preguntan con qué equipo iría, si con el Madrid o con el Chelsea, en una hipotética final de la Champions, se empeñan en repetir tozudamente eso de que Wenger o Pellegrini son enemigos de Mourinho. Es una falta de respeto, claro. Mourinho no tiene una cita con Wenger o con Pellegrini sino con Bill Shankly y con Brian Clough.

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