El penúltimo raulista vivo

Dembélé, una cortina de humo

La última referencia que tenemos de Ousmane Dembélé es que su antiguo casero de Dortmund le ha denunciado por 20.000 euros tras dejar la vivienda en un estado calamitoso, casi de ruina total, con basura y desperdicios, alimentos podridos en la nevera y entre los armarios, bolas de plástico viejas en el suelo y manchas resecas. Y mejor no preguntarle a Gerd Weissenberg, que así se llama el propietario de la casa en la que vivió el futbolista del Barça, de qué eran o a qué o a quién pertenecían las manchas resecas. Detrás de la puerta de entrada había una pila de facturas sin pagar, el contrato de alquiler no fue rescindido en el plazo establecido, la entrega de la vivienda no se llevó a cabo de manera oficial y el jugador no entregó tampoco las llaves de la casa por lo que el amable señor Weissenberg se vio obligado a cambiar todas las cerraduras. Además, Dembélé no pagó la calefacción y el problema para que nuestro casero favorito obtenga una compensación por este mal trago es que el tribunal que debe juzgar su caso no cuenta tampoco con ninguna dirección de Dembélé en la ciudad condal a la cual hacer llegar la demanda al jugador. Es grandioso escuchar hoy a Pep Segura diciendo que a Dembélé le está costando adaptarse al Barcelona. No, Pep, no, a Dembélé le está costando adaptarse. Punto.

Asensio tiene un año más que Dembélé pero el Real Madrid lo fichó con 18. Marco metió la pata el otro día con lo del carro de Manolo Escobar y todos, empezando por mí, le hemos criticado durísimamente por ello, pero al conocer el estado cochambroso en el que Dembélé dejó la propiedad de nuestro querido señor Weissenberg, me dio por pensar qué habríamos dicho de Marco o, ya puestos, de Vinicius, que tiene tres años menos que Dembélé, si a cualquiera de ellos se le hubiera ocurrido dejar de pagar una factura de la luz. Ojo, no dos, una. A Dembélé lo contrató Bartomeu por el mismo motivo que, en la maravillosa película de Barry Levinson, Conrad Brean, interpretado por Robert de Niro, se sacó de la manga una guerra ficticia con la que desviar la atención de un escándalo sexual que implicaba al presidente de los Estados Unidos a dos semanas de las elecciones presidenciales. O sea, Dembélé fue una cortina de humo que sirvió para distraer a la afición del rejonazo que Neymar le había clavado al Barça yéndose al Paris Saint Germain.

Dembélé llega tarde a los entrenamientos, no se cuida, el club le ha pedido a Abidal que intervenga, Abidal se ha hecho el loco y ha tenido que tomar el relevo el mismísimo presidente pero el problema... es Asensio. Marco, y eso es indudable, se ha equivocado al elegir las palabras pero con un año más que el tsunami Dembélé ya ha ganado dos Copas de Europa más que él, que aún no ha ganado ninguna, y su única mácula reconocible es la de la Coca Cola en los dientes, que se blanquea periodicamente. Existe también en este asunto una abracadabrante doble vara de medir, que es precisamente la que opaca el escándalo de Dembélé, un trapo rojo que agitó Bartomeu para distraer la atención del pueblo a cambio de 140 millones de euros, pero pone la lupa en el carro de Asensio, el problema con el español de Bale o la aparente frialdad de Benzema.

De Vinicius, que tiene cuatro años menos que Dembélé, aún no sabemos si es Pelé, Garrincha, Neymar o Robinho, pero sí sabemos que no deja costras de suciedad en las paredes, comida podrida en la nevera y bolsas viejas de basura llenas de facturas sin pagar. El mayor escándalo que ha dado hasta la fecha Vinicius es ser mordido por un rival, el menor escándalo que ha dado Dembélé ha sido volver majara a su casero. Asensio se ha equivocado una vez, Dembélé todas las veces, pero matamos a Marco por darle un palito a la prensa. Así nos va.

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