El penúltimo raulista vivo

Delibes, aficionado al tenis femenino

Tan sólo un mes de estancia en Munich me sirvió para comprobar que quien dijo que las mujeres alemanas eran muy feas era él mismo un auténtico papanatas. Miguel Delibes ha realizado ahora un descubrimiento similar al mío, sólo que él lo ha hecho a través de la televisión y con las tenistas rusas por medio. Dice Delibes que él ve por la tele lo que el resto de la gente suele rechazar sin demasiados miramientos, por ejemplo, los programas informativos y los de caza y pesca. Y añade que, viendo partidos de tenis femenino, pudo darse perfecta cuenta de que la presunta fealdad rusa carecía de fundamento. Don Miguel tiene razón, y ahí están para demostrarlo María Sharapova, Svetlana Kuznetsova, Nadia Petrova, Elena Dementieva o Dinara Safina.

Yo, que primero estuve enamorado, como todo el mundo por otro lado, de Ana Kournikova, y que más tarde perdí el conocimiento por la belleza arrolladora de Sharapova, ando ahora literalmente de cabeza por la Petrova, quinta tenista en el ranking mundial de la WTA, una rusa-rusa nacida en la ciudad de Moscú, una jovencita de pelo castaño y mirada angelical que golpea la pelota como si le fuera en ello la vida y que, por otro lado, podría ser perfectamente modelo publicitaria en cualquiera de las pasarelas más importantes del mundo.

El señor Delibes va a tener una ocasión realmente inmejorable de comprobar en vivo y en directo que eso que ha visto por la tele es verdad. Entre los días 7 y 12 del próximo mes de noviembre podrá ver en acción a muchas de esas tenistas, además de Amelie Mauresmo o Justine Henin-Hardenne, luchando en Madrid por el Masters femenino, también conocido como Sony Ericsson Championship. No sé si molestará mucho a Soledad Murillo, secretaria de Estado de Políticas de Igualdad, el hecho de que don Miguel y un servidor tengamos ojos en la cara y digamos que nos gustan las mujeres. En el Masters femenino, por cierto, habrá modelos recogepelotas masculinos. Como está mandado. Dos años después del desgraciadamente famoso Recogepelotasgate que tanto daño le hizo al tenis, doña Soledad no ha vuelto a decir ni mu. Silencio absoluto. En Madrid estuvieron las mismas o parecidas chicas. Todas, por cierto, espectaculares. Y, según me cuentan los enviados especiales de la Cope, las faldas fueron incluso ligeramente más cortitas. Será que el torneo sólo tuvo un tratamiento insoportablemente sexista en el año 2004.
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