El penúltimo raulista vivo

Del "problema Van Nistelrooy" al "misterio Soldado"

Son las cuatro menos cinco de la tarde del sábado 22 de marzo y todavía ningún responsable médico del Real Madrid ha tenido a bien explicar por qué el pasado martes por la noche se decidió operar deprisa y corriendo al máximo goleador del equipo. Uno de los médicos ejerció, al parecer, de azafato de Van Nistelrooy en su viaje hasta Amsterdam, pero fue un especialista holandes quien acabó metiendo el serrucho. Han pasado más de 72 horas desde la intervención quirúrgica y el primero en abrir el pico ha sido Bernd Schuster, quien, como todo el mundo sabe, es un reputadísimo especialista mundial en tobillos dañados. ¿Por qué trataron de ocultar la operación? ¿Quién tomó la decisión? ¿Cómo es posible que un club con un presupuesto de más de trescientos millones de euros anuales consienta que uno de sus profesionales elija el país y el médico que ha de intervenirle? ¿En qué consistió la misión del médico del Madrid que acompañó al delantero? Si era un mero observador y el plácet ya estaba dado, ¿para qué viajar?

Me extrañó que una junta directiva que se excita tanto con los comunicados y recontracomunicados como la que preside Ramón Calderón no sacara ni uno sólo hasta bien entrada la tarde del miércoles 19 de marzo, el día de la operación. Hubo, eso sí, un comunicado extraoficial auspiciado por Alfredo Relaño en la portada del diario As, vendiendo la Kawasaki de Huntelaar, otro torpedo Muller. El secretismo con el que pretendió llevarse todo el asunto se debió a que el problema Van Nistelrooy era, en realidad, el problema de Calderón y, por supuesto, el problema de Pedja Mijatovic y de una planificación deportiva que se cae a trozos. Por muchos rollos macabeos que quiera contarnos ahora Schuster, los médicos del Madrid, probablemente guiados desde arriba, recomendarían al jugador que no se operara y que aguantara hasta el final, pero el futbolista pensó que el equipo ya no estaba en la Champions y aventajaba en siete puntos al Barça en la Liga, y que la Eurocopa seguía estando a la vuelta de la esquina.

Y de repente, Roberto Soldado. El problema Van Nistelrooy no sólo deja en mal lugar al presidente y al director deportivo sino también al entrenador. El Madrid va a tener que jugarse el tramo trascendental del campeonato con un futbolista al que se ha ninguneado en reiteradas ocasiones, faltándole al respeto en algunas de ellas. Schuster ha sido meridianamente claro con Soldado a la hora de hacerle entender que no tiene la calidad suficiente como para estar en la primera plantilla del Real. El problema Van Nistelrooy nos conduciría así al misterio Soldado porque, ¿alguien me puede explicar por qué se impidió al jugador que emigrase cuando todo el mundo era consciente de que Schuster no le quería en el equipo? Imagino que, fiel a su primer apellido, Roberto acatará lo que se le diga, aunque absolutamente nadie podrá achacarle que, después de estar enfriando el botijo en el banquillo durante ocho meses, la mande fuera en vez de meterla dentro. Gajes del oficio.
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