El penúltimo raulista vivo

Del Piero y el león de la Metro

El Real Madrid es un club tan magnífico y tan potente que nunca podrá estar sólo mal y, en función de lo que le exige su apabullante historia, jamás llegará a estar bien del todo. El Madrid está bien porque, según el gabinete Deloitte, es el club más rico del mundo, pero también está mal porque un sector de sus aficionados -y las pancartas que poblaban anoche el estadio Santiago Bernabéu dan buena prueba de ello- andan con la epidural deportiva a cuestas. Ni uno sólo de esos pancartistas, ni uno, se ha tomado nunca la molestia de venir a la Cadena Cope para conocer de primera mano la documentación aportada por José Antonio Abellán cada noche en El Tirachinas. Aún así, respaldan sin fisuras la gestión de su presidente. ¿Es este el club exigente que pensó don Santiago Bernabéu? Junto a esto, la circunstancia puntual de que por aquí pase Del Piero y le marque dos golazos a Casillas resulta, si ustedes me permiten que lo exprese así, simplemente baladí.

¿Por qué resulta baladí?... Muy fácil: porque el Madrid carece de efectivos reales para llegar lejos en la Champions League. Lo que sucedió anoche es la constatación de un hecho: no hay plantilla para competir en Europa. Aún resuenan en mi cabeza las palabras de Schuster cuando dijo aquello de que iban a centrarse en Europa... ¿Mentía Schuster cuando afirmó el año pasado que les faltaba dar un salto de calidad para competir en la Champions o miente ahora cuando, con la única incorporación de Van der Vaart, dice sin despeinarse que van a centrarse en Europa?... El asunto resulta especialmente grave cuando, tras un Real Madrid, 0 - Juventus, 2, al alemán no se le ocurre otra gracieta que decir que su equipo ha sido superior al italiano y que no escuchó los pitos de la afición. El asunto de la calidad de la plantilla sólo puede solucionarse al "estilo Florentino Pérez": trayendo aquí a los mejores; y para desobstruir los oídos no hay mejor cosa que bostezar y tragar mucha saliva.

Pensándolo bien, lo que está consiguiendo este equipo resulta ciertamente extraordinario. El Real Madrid de los cuatrocientos millones de euros de presupuesto está en manos de un entrenador que ni oye ni ve, y que habla poco tirando a nada. La cuestión no se soluciona con un par o tres de rugidos del estilo de los que daba el león de la Metro Goldwyn Mayer dirigidos a los periodistas que van a Valdevebas. Schuster debe explicar por qué el equipo está como está y dejarse de milongas porque el Zenit, que va tercero, ya está a dos puntos del Madrid. Del Piero es una anécdota; magnífica anécdota, por cierto, pero sólo eso. El problema del Madrid no es la genialidad de este o aquel jugador sino el poco nivel existente entre los que dirigen por arriba y los que, aunque a regañadientes, pretenden hacerlo por abajo. En cuanto les quiten la epidural deportiva, incluso los pancartistas llegarán a esa misma conclusión.
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