El penúltimo raulista vivo

Del miedo escénico al pánico diarreico

A mediados de los años setenta no era muy normal ver a un futbolista leyendo un libro. Al menos, en España no. Un día (acababa de llegar al Real Madrid) vieron al alemán Paul Breitner saliendo de la vieja ciudad deportiva con El Capital de Karl Marx bajo el brazo y ya no pudo quitarse de encima la fama de comunista. Breitner trató en vano de explicar que él leía de todo, también a Marx, y que no por eso tenía que compartir necesariamente sus ideas, pero no hubo nada que hacer: Paul Breitner era comunista y san se acabó. Fue comunista los tres años que estuvo aquí, del 74 al 77.

Diez años después sucedió algo similar con el argentino Jorge Valdano. Un día le vieron leyendo un libro de poemas de Mario Benedetti y desde aquel momento pasó a ser el "intelectual de izquierdas". La diferencia fundamental entre Breitner y Valdano es que, mientras el primero se encontraba ciertamente incómodo con el papel de comunista que leía a Marx, al segundo le vino de maravilla aquel barniz de filósofo socialdemócrata que leía poesía. Supo explotarlo tan rematadamente bien el condenado que de Telemadrid pasó al Tenerife, de ahí al Real Madrid, luego al Valencia, después a la dirección general deportiva merengue y ahora, además de ser comentarista habitual de La Sexta y columnista del Marca los sábados, dirige Make a Team, una empresa especializada en "formar a través de las particulares experiencias del mundo del deporte". ¡Ahí es nada!

Sin embargo, en su última columna de opinión, Valdano, por primera vez a lo largo de toda su carrera cinematográfica, no ha sido Valdano. El "payador perseguido", a quien Federico Jiménez Losantos bautizó con indudable acierto como "Valdanágoras", nos ha sorprendido a todos al hablar, con un estilo literario que no le merece, de caca, culo, pedo y pis para referirse a Rafa Benítez, el entrenador de moda en todo el mundo. Afirma Valdano que si pones una mierda colgada de un palo en medio de Anfield, habrá mucha gente dispuesta a decir que es una obra de arte, pasando así el lector de Benedetti del poético miedo escénico al escatológico pánico diarreico. ¿Qué habrá hecho el bueno de Rafa Benítez para merecer esto?

Fue tal mi sorpresa que, al saber del artículo, me vino a la cabeza una anécdota que oí una vez sobre Alejandro Dumas. Las malas lenguas contaban del autor de Los tres Mosqueteros, un escritor increíblemente prolífico, que tenía a su servicio una corte de negros que "colaboraba" con él a la hora de escribir sus novelas. Iba don Alejandro un día paseando tranquilamente por la calle cuando, de repente, se encontró con un viejo amigo de la infancia. "¿Has leído mi última novela?", le preguntó Dumas. "¿Y tú?", le preguntó su atinado interlocutor, "¿acaso la has leído tú?".

Anoche yo me hice exactamente la misma pregunta en El Tirachinas: ¿habría leído Valdano su último artículo del Marca? José Miguélez me tranquilizó al asegurarme que Jorge Valdano lo escribe todo y que, no contento con ello, le gusta incluso. Sin negro por medio, sólo se me ocurre pensar una cosa, y es que Valdano ha pasado al cobro una factura que tenía guardada en el cajón desde hacía veinte años. Inoportuna factura, sin duda, porque él, que estuvo entrenando siete años, no puede presumir de lo conseguido por Rafa en una sola de sus temporadas en Liverpool. Puede que al final todo quede reducido a eso, la envidia, esa emoción experimentada por aquel que desea intensamente algo poseído por otro. Contra la envidia, según Santo Tomás, la caridad, y contra la soberbia, la humildad. Así funcionará mejor Make a Team.

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