El penúltimo raulista vivo

Del Calderón a El Madrigal y tiro porque me toca

Lo que pasa es que si el martes un vándalo arroja desde la grada del estadio Vicente Calderón un mechero que impacta directamente en la cabeza de Cristiano Ronaldo y el viernes el Comité de Competición castiga al club propietario del campo con una multa irrisoria de 600 euros, el sábado te puedes encontrar perfectamente con que otro vándalo lance un bote de gas lacrimógeno desde la grada del estadio de El Madrigal y el árbitro tenga que suspender el partido durante 17 minutos porque tanto jugadores como espectadores tienen problemas respiratorios y los ojos enrojecidos. La falta de castigo tiene estas cosas y el efecto llamada generado por una ley laxa con el delincuente estimula a los violentos a continuar cometiendo una y otra vez actos de este tipo con total impunidad.

Como, por si todo lo anteriormente expuesto fuera poco, quienes arrojan mecheros o botes lacrimógenos cuentan a veces (más de las deseables en cualquier caso) con la protección de un sector del público y acaban escabulléndose de las fuerzas del orden, la incitación a seguir entrando a un campo de fútbol con la intención de cometer actos violentos es enorme para una clase determinada de individuos. Habrá que convenir, y ello a pesar del tiempo transcurrido desde entonces, que lo del cochinazo del Camp Nou hizo muchísimo daño a la imagen de nuestro fútbol puesto que aquellos hechos, acaecidos en el transcurso de un Barcelona-Real Madrid (el primero de Luis Figo con la camiseta merengue) que se había calentado muchísmo durante toda la semana, pudieron ser vistos en todo el mundo y luego Angel María Villar utilizaría arteramente una figura, la del indulto, de gran tradición en las dictaduras y, por ende, muy poco democrática.

Así, nuestro fútbol tiene por fuera una apariencia brillante y atractiva gracias a los éxitos de la selección nacional y el potencial deportivo y el prestigio internacional de algunos de nuestros clubes pero sin embargo por dentro nos encontramos con una apatía y desorganización institucionales realmente apabullantes y un oscurantismo que desalienta a cualquiera, por ejemplo a Carlo Ancelotti que ayer manifestó su profunda extrañeza por el hecho de que el Real Madrid hubiera presentado el pasado martes las alegaciones por la sanción a Cristiano sin que aún se supiera absolutamente nada de nada. Y este es nuestro fútbol, incapaz de unirse para reformar el abracadabrante y espinoso asunto arbitral pero presto sin embargo a firmar solidariamente una petición de indulto (¡otra vez el indulto!) para un colega que acaba de ser condenado ni más ni menos que por el Tribunal Supremo a siete años de cárcel por los delitos de malversación y prevaricación. Del Calderón al Madrigal... y tiro porque me toca. Porque me toca y porque sale gratis. Más o menos como en O.K. Corral.

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