El penúltimo raulista vivo

Déjenme que les cuente la triste historia de Duk Koo Kim y Boom Boom Mancini (1)

Flashback. Cuando nos lo encontramos en su lujosísima habitación del Caesars Palace, Ray Mancini, a quien todos conocen por el sugestivo apelativo de Boom Boom, todavía no sabe que llegará un día en que acabará interpretando a Charlie Davis, un boxeador de mentira, en Combate Letal, una película de serie B que absolutamente nadie verá, ni siquiera la familia del director de nombre inventado, y que sólo servirá para darle de comer a Rod Steiger, un actor de verdad a quien no le marchan demasiado bien las cosas. El campeón del mundo de los pesos ligeros reza por su rival de la tarde anterior, reflexiona en voz alta acerca del precio de una vida humana y maldice la combatividad extrema de Duk Koo Kim, conectado artificialmente a la vida en el Desert Springs Hospital de Las Vegas después de haberlo encajado absolutamente todo sin parpadear. El coreano se muere y la vida de Mancini, tal y como él la entiende hasta ahora, está a punto de girar ciento ochenta grados.

Cuando nos encontramos con Mancini, ni él ni nadie es capaz de saber qué sucederá en los terribles días posteriores a aquella pelea del 13 de noviembre de 1982; sólo ruega por la vida de su rival y se siente terriblemente culpable aunque, de puertas para afuera y cuando habla con la prensa, diga todo lo contrario. Boom Boom no sabe, porque nadie lo sabe aún, que sólo faltan cuatro días para que deje de ser para siempre Boom Boom, un plazo mortal de noventa y seis horas que empezó a contar desde la noche anterior y que finalizará cuando el coma de Kim se torne irreversible y su corazón de hombre joven y valeroso simplemente deje de latir. Está en la capital mundial del entretenimiento, asomado a un balcón desde el que puede contemplarse todo Spring Mountain, entre el Bellagio y el Mirage, casi enfrente de Casino Royal. La gente juega, hace el amor y se divierte, mientras un hombre reza por otro hombre que muere en un hospital con nombre de campo de golf.

Déjenme que les cuente la triste historia de Duk Koo Kim y Ray Mancini. El primero no volvió a despertarse mientras que el segundo aún no consigue explicarse lo que sucedió aquel día. Unos meses después de aquella pelea, Richard Greene, el otro hombre que subió al ring aquella calurosa tarde, se suicidó, sin que hoy, transcurrido un cuarto de siglo desde entonces, se sepan los verdaderos motivos de su muerte. La madre de Kim, destrozada por el dolor incontenible de la pérdida de su hijo, hizo lo mismo. Siguió el espectáculo en la capital mundial del entretenimiento, la gente volvió a jugar y a apostar, pero el boxeo nunca volvió a ser igual y el campeón mundial del peso ligero dejó de ser Boom Boom para siempre. Esta historia no tiene un final feliz sino un final real.

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