El penúltimo raulista vivo

De Tancredo López a Angel Villar

Este Alfredo Flórez es un auténtico genio, al final me va a pasar como con Jorge Carretero y me va a caer simpático y todo. Pues no va y dice, una semana después de que Popular Televisión del Mediterráneo destapase el mayor scoop informativo de los últimos tiempos, que los hechos denunciados por el futbolista Iñaki Descarga "pudieran afectar a la pureza de la competición deportiva y ser constitutivos de infracción penal". ¿Pudieran? ¿Cómo que pudieran? Que le pregunten al presidente del Celta de Vigo, que bajó a Segunda División aquel año y todavía no ha ascendido, si él cree que la conversación destapada por Vicente Ordaz y el resto de compañeros de Cope Valencia afectó realmente a la pureza de la competición deportiva. Una semana, siete días, ciento sesenta y ocho horas, más de diez mil minutos ha tardado el avispado Flórez en decirnos lo que ya sabíamos todos sin necesidad de estudiar leyes.
 
Doy por hecho que, en caso de seguir vivo, Arthur Conan Doyle sustituiría inmediatamente a Sherlock Holmes por el presidente del Comité de Competición de la Federación Española de Fútbol. ¡Qué tío!... "Pudieran afectar"... Lo que no podría afectar sino que ya ha afectado, y muy negativamente además, a la imagen de Angel María Villar es su descarado silencio. Descarga y Romero dan por hecho en esa conversación que Villar estaba al tanto de lo sucedido, dejando entrever además que en el fútbol español existe un sistema encubierto de compensaciones y favores mutuos: hoy por ti, mañana por mi. Todo patético. Y si Villar, a quien el "fútbol español", en el que no tenemos por cierto ninguna participación el resto según Javier Clemente, porque ni entendemos sus profundidades abisales ni sabemos de qué van sus inmensas complejidades, ha vuelto a elegir para otros cuatro años más de mandato, anda como Pompeya, dejando entrar a Pulcro en la fiesta de la Buena Diosa, sin importarle ni mucho ni poco su buen nombre, eso no tendría que arrastrar de paso el prestigio de limpieza de la Liga de nuestro país.

Romero, como está mandado por los abogados, se apresuró a desmentir conversación alguna con Villar. Sólo él y el propio Villar saben si esta se produjo realmente. Yo, sinceramente, ya no pondría la mano en el fuego por nadie. No hablo de esa hipotética conversación, porque el resto no tiene nada de hipotético y está ahí, sacado a la luz por sus propios protagonistas, sino de la actitud timorata de quien debe liderar con energía el fútbol español y además tendría que sentirse más fortalecido y más cómodo que nunca después de los últimos resultados electorales. Sé que todos los Flórez y Carreteros del mundo me dirán que la ley es la ley y que tiene sus propias reglas, pero la vida también las tiene. Muy a pesar mío he de reconocer que el tancredismo le ha funcionado a Villar a las mil maravillas en los últimos veinte años, pero esa no es forma honorable de torear ni Tancredo López quiso jamás pasar por torero. Lo suyo, subido a un pedestal en el centro de la plaza, vestido de blanco y con la cara pintada, era el espectáculo de la quietud llevado hasta sus últimas consecuencias. Villar tendría que entrar al trapo en defensa de la honorabilidad del fútbol que tanto dice querer.
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