El penúltimo raulista vivo

De lo sublime a lo ridículo

A Michel Platini le han pillado con le petit chariot de la glace, o sea, con el carrito del helado. Su caso, porque es suyo, lo abrió él y ahora él deberá cerrarlo también, ha levantado semejante ola solidaria en todo el mundo que, a su lado, las de Tahiti son un charquito en la arena. Que el presidente de la UEFA actuó con premeditación, avanzando cuarenta y ocho horas antes en un diario francés, por supuesto, que exigiría mano dura contra el equipo rojiblanco, ya lo sabe todo el mundo. Que, al contrario de lo afirmado por el portavoz de la UEFA, el mismo que cargó sin razón y sin información contra la Policía española, la Comisión de Disciplina no es en absoluto un órgano independiente del máximo organismo del fútbol europeo sino su brazo armado, una especie de doberman de despacho dispuesto a morder a quien ordene el amo, queda también meridianamente claro. Unicamente ha faltado por intervenir al Rey de España porque el otro, Pelé, O Rei, también ha salido en defensa del club presidido por Enrique Cerezo.

Todavía el miércoles por la noche, cuando absolutamente todos dábamos por hecho que la UEFA aplazaba el cierre del estadio Calderón en vista de que el Atlético no tenía tiempo suficiente para albergar su partido contra el Liverpool en otro sitio, William Gaillard, el portacoz, desmintió en Tiempo de Juego que esa noticia fuera cierta. En sus declaraciones de hace una semana a La Provenza, en las que ya dejaba muy claro por dónde irían los mordiscos de su Comisión de Disciplina, Platini hacía referencia demagógica al trato recibido por parte de un grupo de aficionados discapacitados del Olympique; luego supimos que los presuntos discapacitados, cuya situación en el campo era inmejorable debido precisamente a su ficticia enfermedad, no sólo se levantaban milagrosamente de sus sillas de ruedas sino que colaboraban activamente en la trifulca de las gradas. Es más, la Organización Impulsora de Discapacitados acaba de denunciar ante la UEFA al equipo marsellés por lo que ellos entienden una trola de padre y muy señor mío y constituye además una verdadera falta de respeto hacia aquellas personas que en realidad sufren algún tipo de minusvalía.

Para acabar de arreglarlo todo, y estropeárselo a Platini, en el transcurso de un partido entre Eslovaquia y Polonia, un policía, incapaz de contener a los hooligans de una y otra selección, desenfundó su pistola y apuntó indiscriminadamente contra la masa. ¿Qué castigo merece esa federación? ¿Cierre a perpetuidad?... Parece lógico pensar que el Atlético de Madrid, fustigado porque la Policía española actuó correctamente al retirar un cartel que la propia UEFA consideró que incitaba a la violencia y puesto innecesariamente a los pies de los caballos por el inexistente maltrato infligido a unos falsos minusválidos, se pregunte ahora qué harán con lo acaecido en ese partido de selecciones. Aunque, independientemente de todo este enorme sinsentido, la actuación caciquil de Michel Platini, el caos total y absoluto provocado por un organismo cuya única finalidad -puesto que los clubes ponen campo, jugadores y afición- es precisamente la de organizar y facilitar las cosas a sus miembros, y el desahogo y la falta de respeto con la que han actuado los máximos responsables de la UEFA, deberían hacer reflexionar a los grandes clubes europeos acerca de la utilidad real y no simbólica que tiene ahora mismo, en pleno siglo XXI, la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol. Si la actitud de persecución contra un club español sirve al final como palanca para hacer saltar la banca que tienen montada entre unos y otros en Nyon, bienvenida sea. Ha ido a escoger además Platini al equipo más luchador y a la afición más batalladora del mundo. Decía Napoleón, otro francés, que de lo sublime a lo ridículo no hay más que un paso: aplícate el cuento corso, Miguelín.
A continuación