El penúltimo raulista vivo

De la ley del silencio al decreto tartaja

Créanme cuando les digo que en mis dieciocho años haciendo programas de radio diarios jamás, nunca, he necesitado la rueda de prensa de un jugador o un entrenador. Es más, huía de ellas como de la peste bubónica porque, salvo contadísimas excepciones, no aportaban absolutamente nada y no hacían otra cosa que repetir los mismos lugares comunes de siempre, que si "no hay enemigo pequeño", que si "la piel sobre el terreno de juego"... Eso no mermó lo más mínimo mi capacidad para hacer buenos programas de radio, ni creo que impidiera tampoco a los oyentes estar informados de lo que sucedía. Yo era consciente de que si, por ejemplo, en aras de mi libertad de expresión llamaba a un futbolista de talla mundial "estrella de hojalata" cabía la posibilidad de que el jugador se molestara y, en aras de su propia libertad de expresión, no atendiera mi llamada. Pero es que, salvo una vez con Benito Floro, si mi línea editorial era durísima con alguien a mí tampoco se me ocurría llamarle para que interviniera en mi programa. De haberlo hecho alguna vez, no me habría molestado demasiado e incluso habría entendido y aplaudido que me hubiera mandado directamente al cuerno.

En resumidas cuentas: a mí me parece que a la mayoría de los aficionados les importa una higa lo que diga tal o cual jugador. Hay, claro, excepciones puntuales y la de José Mourinho es la más clara y rotunda que he conocido después de un cuarto de siglo dedicándome a este oficio. Quiero decir que los mismos periodistas que ponen literalmente a parir al entrenador del Real Madrid gravitan a su alrededor, dependen en exceso de lo que diga o deje de decir. Yo creo en la libertad de expresión, de hecho la ejercito a diario, pero no se me pasaría por la cabeza llamar a Ramón Calderón o a Joan Laporta para pedirles su opinión sobre nada después de haber sido durísimo con ellos y con su gestión; y, en el caso de solicitársela, no me extrañaría que cualquiera de ellos me colgara directamente el teléfono al oir mi voz: yo tengo, por supuesto, libertad para expresarme libremente, y ellos tienen, naturalmente, libertad a la hora de atender a tal o cual periodista: hay ocasiones en las que dos derechos colisionan.

De forma que lo que molesta, inquieta, perturba a la inmensa mayoría de colegas que atizan un día sí y otro también con desmesura e inquina a José Mourinho no es que no hablen Khedira, Özil, Arbeloa o Altintop, que no han dado un titular en su vida, sino que no lo haga el objeto de sus burlas, el propio José Mourinho, que es capaz de dar cien titulares por minuto. ¿Curioso no?... Sinceramente: si yo fuera antimourinhista, si pensara realmente que es un peligro para el Real Madrid y que con sus formas va a hundir a la institución, le pegaría duro y a la cabeza pero no iría por ahí gimoteando porque no habla conmigo. En mi caso, me tiré tres meses diciéndole de todo a Benito Floro, que si era un desastre, que si no valía... y cuando mi amigo Alfonso Villar me lo puso en directo en Radio España volví a decírselo a la cara: "Quiero que sepa que, en mi opinión, usted no tiene categoría para ser entrenador del Real Madrid". Se montó la mundial. Y no volvió a atendernos, claro; yo seguí diciendo lo mismo y él duró tres cuartos de hora en el club; ambos derechos, el mío para opinar y ejercer con libertad mi crítica y el suyo para enfadarse con mis opiniones y no atendernos, quedaron impolutos.

Hay quien, acerca del apagón informativo, ha querido encontrar contradicción en lo dicho por Butragueño ("Es la postura tomada por el cuadro técnico y el vestuario") y lo expuesto por Mourinho ("No soy el responsable del silencio") cuando no la hay. Enrique Marqués lo explicó fenomenalmente bien anoche en Futboleros: Mourinho decide que ni él ni sus ayudantes van a hablar y, después, también lo deciden los jugadores; Mourinho, pues, es responsable de su silencio, del que mantienen él y Rui Faría o Karanka, pero no del silencio de Casillas o Cristiano porque en ningún caso él les ha dicho que no hablen con la prensa. Mourinho habría mentido si hubiera dicho que él no era responsable de su silencio o lo habría hecho Butragueño si hubiera dicho que el responsable del silencio era el cuadro técnico, pero no fue así. De todas formas, y en lo referente a la plantilla, parece que todo se va a solucionar en breve y volverán a hablar con los medios.

Según me cuentan, antes de la rueda de prensa de ayer se dijo que sólo se atenderían preguntas sobre la Champions. Yo, como periodista, puedo o no estar de acuerdo con esa exigencia: supongo que, si estoy de acuerdo, preguntaré por el once titular, el estado del terreno de juego, el potencial del rival... Y, si no lo estoy, puedo decirlo en voz alta y largarme de la sala de prensa. Mourinho no se levantó ayer después de la primera pregunta sobre el silencio, ni después de la segunda sino después de unas cuantas. ¿Me gusta ver al entrenador del Real Madrid levantándose así?... No me gusta ni un pelo, pero puedo entender que él se sienta traicionado si, como decía antes, al parecer se dejó claro que sólo se respondería a preguntas sobre la Champions. Espero haberme explicado. Ojalá hoy el equipo hable sobre el campo, que es lo que quieren los aficionados. Pero que a Carlos Boyero, que llamó "nazi portugués" a Mourinho, no le extrañe si no le cogen el teléfono en casa del entrenador portugués, lo mismo le ha molestado que le comparen con Hitler.

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