El penúltimo raulista vivo

Dar cera, pulir cera

Hombres de poca fe. No tenía dudas al respecto de que Mourinho, con ese "dar cera, pulir cera" tan suyo, iría perfeccionando cada día más la idea que traía en la cabeza, la que le hizo triunfar con plantillas tan distintas como las de Oporto, Chelsea e Inter de Milán. A ratos, eso es cierto, el Real Madrid sigue partiéndose, pero resulta indudable que continúa incansable en el proceso de elevar a ojos vistas el listón de su competitividad, que cada vez resulta más complicado hacerle un gol y que únicamente puede meterle en serios problemas el cansancio de jugadores clave como Cristiano, Özil, Xabi Alonso o Di María. Doy la bienvenida a este lado de la frontera del mourinhismo, la de los "pro", a todos los "anti" que dudaban acerca de las claras intenciones con las que el portugués recaló en España: armar, y nunca mejor dicho, un auténtico equipo.

Durante un tiempo, Mourinho debió aguantar las comparaciones odiosas con el Madrid de Pellegrini. O, por mejor decir, con su antecesor en el banquillo, esa forma suya de hablar tan quedo, ese estilo aristrocático, el modo tan elegante que tenía de darle largas cambiadas a la prensa y el fenomenal estilo Fosbury que aplicaba para saltar por encima de los charcos. El portugués sin embargo los pisa todos (a los charcos me refiero) y, a base de exponerse, va ahormando un bloque en el que poder confiar. Mourinho mató a Pellegrini, que insistía en sus buenas notas, con una frase: "no vale ser el mejor de los últimos". El año pasado, a estas mismas alturas de competición, el Real era líder de la Liga, sí, con un punto más que ahora, pero el Barcelona también había logrado cuatro menos que hoy. El Madrid era líder empatado a puntos con los culés pero llevaba cuatro meses fuera de la Copa y diez días apeado de la Champions, mientras que hoy sigue vivo en ambas competiciones. Nadie verá que se compare ya a Pellegrini con Mourinho. Otro prejuicio a la papelera de reciclaje.

Tampoco dudé nunca que Pepe fuera a renovar su contrato. A mí me encanta Pepe. Me río cuando la gente dice que está loco. Loco estaba Vinnie Jones. Loco estaba Norby Stiles. Loco estaba Stig Tofting. Loco estaba, y sigue estando y viviendo de ello, Eric Cantoná, y eso que era delantero. Estoy seguro de que a Mourinho tampoco le importaría demasiado que Pepe estuviera un poquito loco, algo intermedio entre Paul Ince y Dennis Wise. Pepe es un defensa central impulsivo, obligado además a mostrarse expeditivo por el estilo de juego del Madrid, un jugador contundente que a veces no mide bien pero que, de tanto insistirle, es plenamente consciente de que Carvalho y él tienen las llaves de la cueva y que no es cosa de ir entregándoselas al primer "okupa" que pase por allí. Que te cojan la espalda está considerado pecado mortal en este Real Madrid. Y aún retumban en los oídos de Pepe las palabras del señor Miyagi: dar cera... ¿y cómo era el resto?...

A continuación