El penúltimo raulista vivo

Damos la bienvenida a Golden Boy Promotions

Don Henley siempre respondía lo mismo cuando le preguntaban por el día en que los Eagles volverían a tocar juntos: "Hará falta que el infierno se congele para que eso suceda". De ahí viene precisamente el título del álbum que la banda californiana grabó catorce años después de su separación: Hell Freezes Over. El cielo se congeló en 1994 y Oscar de la Hoya aseguró a finales de 2008, después de que el filipino Manny Pacquiao le enviara directamente al hospital central de Las Vegas tras una pelea muy desigual, que habría otro mañana. Los autores de la famosísima Hotel California publicaron un disco recopilatorio en 2003 y cuatro más tarde sacaron a la venta Long Road Out of Eden, su séptimo y último, por ahora, álbum de estudio, pero en el caso del Golden Boy va a ser necesario algo más complicado que la congelación del infierno para que regrese a un cuadrilátero.

La despedida de Oscar de la Hoya, para quien ya no habrá otro mañana boxístico, llevó indiscutiblemente su sello, siendo transmitida en directo por ESPN News. El combate ante Pac Man nunca tuvo demasiado sentido porque De la Hoya ya lo había demostrado absolutamente todo y además porque Pacquiao es seis años más jóven que él y eso se nota. El apodo con el que es conocido, Golden Boy, no se lo pusieron porque tenga un diente de oro sino porque, a diferencia de muchos compañeros suyos de profesión, Oscar siempre tuvo un ojo de lince para los negocios y ha sido capaz de amasar una fortuna de la que seguirán beneficiándose sus bisnietos, de forma que la ganancia económica tampoco explicaba el riesgo de una humillación. Sólo el ego de quien ha sido indiscutiblemente uno de los púgiles más importantes de los últimos veinticinco años pueden explicar una pelea tan desagradable como la del 8 de diciembre, la última de una brillantísima carrera deportiva.

A lo largo de los últimos diecisiete años, De la Hoya ha logrado diez títulos mundiales en seis divisiones diferentes, (superpluma, ligero, superligero, welter, superwelter y medio) y eso a pesar de que, de un tiempo a esta parte, es necesario recalcar que el gran campeón era más promotor que boxeador de sus propios combates. Sin Oscar sobre el ring, tiembla el espectáculo del boxeo, un deporte que ha centrado históricamente su atención en los pesos pesados y que hoy está triste y anónimamente dominado por dos hermanos ucranianos de cuyo nombre no quiero dar pistas. Sin Oscar de la Hoya, retirado, y Julio César Chávez, jubilado en parte por el propio Golden Boy, la gran esperanza, negra o blanca, de quienes amamos el boxeo es que aparezca cuanto antes una gran figura mundial que le rescate de este "pronóstico reservado". Despedimos a Oscar de la Hoya y damos la bienvenida a Golden Boy Promotions. Fuera caretas. Menos golpes y más dinero.
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