El penúltimo raulista vivo

Cuando parecía que Vitolo iba por aquí se fue por allí y, en el último segundo, acabó... ¡por aquí!

Decía ayer Vitolo en la presentación como nuevo jugador de la Unión Deportiva Las Palmas, que le tendrá a préstamo durante cuatro meses por la sanción de la FIFA que pesa sobre el Atlético de Madrid, que lo había pasado muy mal durante estos últimos días. Yo me permitiría añadir que lo habrá pasado muy mal... traicionando al Sevilla. Porque eso es precisamente lo que ha hecho Vitolo, traicionar al Sevilla. Su imagen saliendo a hurtadillas de la sede de la Liga de Fútbol Profesional, con la cara escondida entre las manos, ocultándose de los periodistas como si fuera un vulgar delincuente, define bien a las claras qué ha sucedido con este jugador, que, y a las pruebas me remito, no debe tener la conciencia demasiado tranquila.

Decía Napoleón Bonaparte, que debía ser un cínico de tomo y lomo, que la mejor forma de cumplir con la palabra empeñada era no darla jamás. Pero Vitolo dio su palabra, se la dio el lunes al Sevilla, se la dio después de ponerse nervioso puesto que el Atlético de Madrid no acababa de abonar su cláusula de rescisión de contrato. Tal y como desveló ayer Pepe Castro, Vitolo le pidió ayuda para sacarle del brete en el que él mismo se había metido; logró una ampliación y mejora de su contrato, sus representantes legales y su padre certificaron el acuerdo y, a falta de la firma del jugador, el presidente del Sevilla, que confió en la palabra empeñada por Vitolo, se lanzó a la piscina con ese eslógan, que luego ha quedado en agua de borrajas, de "mientras otros hablan, nosotros actuamos".

La seguridad del presidente sevillista y su confianza en un hombre que luego se comprobó que no la merecía nos llevó a todos al equívoco, hasta el punto de que servidor llegó incluso a titular aquí mismo su artículo con un gráfico "Cuando parecía que Vitolo iba por aquí... ¡se fue por allí!", sin prever que alguien capaz de irse por allí cuando parecía que iba por aquí podía perfectamente volver a irse por aquí de nuevo, que es lo que ¿finalmente? ha hecho el jugador. Vitolo progresa deportivamente hablando y pega un salto económico importante, eso es cierto, pero, al menos yo, miraré a partir de ahora a este extraordinario futbolista con otros ojos. Le deseo lo mejor en el Atleti, que triunfe y que sea feliz. Y espero que su traición al Sevilla y ese modo tan peculiar suyo de salir de la sede de la Liga, ocultando su rostro cual implicado en la Operación Púnica, le hayan merecido la pena.

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