El penúltimo raulista vivo

Crónicas desde Futbolandia

Cuando los futbolistas pierden, ganan, y cuando ganan, ganan más todavía. Pregunta: ¿en qué trabajo se le consiente a un empleado que llame sinvergüenza a su jefe? Salvo que el empleado sea el hijo del dueño, en ninguno. Pues ahí tienen ustedes a Antonio Cassano, alias "panchito", alias "talentino", emblema de eso que hemos dado en llamar "Futbolandia", dando la murga en el Real Madrid. Nadie sabe qué hacer con Cassano; nadie salvo, naturalmente, él mismo, que ha dejado bien clara su intención de continuar aprendiéndose de memoria la lista completa de los frutos secos, desde los anacardos hasta las macadamias pasando por las avellanas. Cassano es el vivo ejemplo de eso que comentaba al principio: cuando pierde, gana, y cuando gana, gana más aún. Su representante, por un módico diez por ciento, nos ha regalado una de las frases del año 2006: "Antes de que concluya la etapa de Antonio en el Madrid, ésta tendrá que haber empezado". Y yo me pregunto lo siguiente: ¿qué ha hecho Cassano durante los últimos trescientos cincuenta y nueve días que lleva instalado entre nosotros?

El Real Madrid trata de desembarazarse de Cassano pero no puede. ¿Por qué? Muy simple, porque firmó un contrato. Resulta que, cuando el contrato favorece al futbolista, éste pareciera estar grabado con cincel en un bloque de mármol de Carrara. Pero cuando, por esas cosas que tienen el fútbol y la vida, el contrato beneficia al club, éste resulta tan liviano como una insignificante pluma. Es el caso, por ejemplo, de Sergio Ramos, compañero de vestuario de Cassano. El defensa sevillano, que costó al club madrileño la friolera de veintisiete millones de euros más IVA, firmó por ocho temporadas cuando sólo tenía diecinueve añitos. El chico, que es muy bueno, se ha revalorizado en ese tiempo y, hace un mes más o menos, ya apareció en rueda de prensa pidiendo un aumento de sueldo. Parece que René, el hermano de Sergio, le ha querido tocar las narices a Ramón Calderón yéndose a hablar con la gente del Milan. Sí, sí, el Milan. El Milan de Ancelotti. El Milan de Kaká. Ese Milan.

Cuando se recuerda que Sergio Ramos, mayor de edad, ha estampado libremente su firma en un contrato para los próximos ocho años, siempre surge alguien que lanza al aire la siguiente pregunta: "¿cómo se puede retener a un futbolista que no está a gusto?". Y yo repregunto: ¿reteniéndole, quizás? Cassano puede estarse aquí a la sopa boba durante los próximos cinco años sin que el Madrid pueda hacer nada por impedirlo, pero Ramos, que firmó un contrato tan legal como el del italiano, puede romperlo en cuanto le venga bien. Son las crónicas que nos llegan desde Futbolandia.

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