El penúltimo raulista vivo

Costa no es Baryshnikov

Pues a mí me encanta Diego Costa, qué le voy a hacer. Se toma cada partido como una cuestión estrictamente personal, una batalla que hay que librar sobre el campo, y puede que eso esté estrechamente relacionado con el hecho de que quizás le haya costado más que a los demás alcanzar el estátus de futbolista "top", que diría Mourinho. Me gusta Costa porque pelea cada balón, no da su brazo a torcer, va al choque y no se queja, no se amilana. Puede que el fútbol actual sea superior en todo al de los años 50, 60 ó 70; los jugadores están mejor preparados físicamente, tienen a su disposición mejores sistemas de entrenamiento y se han convertido en superatletas, pero sin embargo se quejan y fingen más. Diego Costa es, en ese sentido, un jugador de fútbol de otro tiempo y por eso me gusta tanto.

La prueba de que Costa me gusta un montón es que no le soporto cuando juega contra el Real Madrid, me saca de quicio. Tampoco aguantaba a Stoichkov, que era muy parecido a él, o a Van Basten y Romario, que eran su antítesis sobre el campo. Cuando alguien no soporta a un jugador es porque en realidad le teme y, en el fondo, le admira. Si traslado el ejemplo al baloncesto diré que no trago a Juan Carlos Navarro, y eso es así porque me gustaría que llevara la camiseta del Real Madrid, pero cuando acaba el partido he de reconocer que el chaval es endiabladamente bueno, de lo mejorcito que he visto sobre una cancha. Tampoco soportaba a Hugo Sánchez, Laudrup, Figo o Schuster hasta que decidieron fichar por el Real. Del mismo modo comprendo perfectamente que la afición del Barcelona tenga entre ceja y ceja a Cristiano porque cada vez que su equipo se enfrenta al Madrid se la lía.

El fútbol ha sido siempre un deporte de contacto y Costa lo aprovecha. Juega literalmente al límite del reglamento pero para eso están precisamente los árbitros. Desde luego que no puedo elogiar algunas actitudes suyas claramente reprobables pero, como en el caso de Pepe, creo que mientras Diego cría la fama otros cardan tranquilamente la lana. Parece que de un tiempo a esta parte, coincidiendo con la presencia en el mejor Barcelona de todos los tiempos de futbolistas de pequeño tamaño pero de una grandísima calidad técnica como Xavi, Iniesta o Messi, se haya puesto de moda el fútbol de mírame y no me toques, cuando jamás ha sido así. A uno le miran mal si va al choque utilizando el cuerpo o llega tarde a un balón tratando de anticiparse, pero esto no es el Ballet Bolshoi ni Costa es Baryshnikov. Por eso me gusta tanto.

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