El penúltimo raulista vivo

Cosas que me echan en cara

En vísperas del derbi, Credence me echa en cara que no me refiriera a un mal arbitraje sufrido por el Atlético de Madrid y sin embargo ayer dijera que Webb impidió con sus maniobras la primera victoria oficial del Real en San Siro. Pero es que no es lo mismo. En el Atlético de Madrid, como no hace tanto en el Barcelona, hay instalada desde tiempos inmemoriales una profundísima cultura del quejío, el chip de Calimero. Yo, por mi parte, ya he dicho más de una vez que sigo esperando ansiosamente a que Alfonso Cabeza tire de la manta y nos cuente una por una todas las corruptelas existentes en la Liga española. No debe ser manta sino mantón, y no de Manila precisamente, el que cubra toda la suciedad del fútbol patrio puesto que don Alfonso amenazó, amenazó y amenazó, utilizando por cierto el buen nombre del Real Madrid, pero o no sabe tirar como es debido o hay más miseria de la que él intuyó allá por 1982. Que nadie se crea que Jesús Gil fue mejor, qué va.

La mejor muestra de que el Real Madrid, club del que se ha dicho de todo sin absolutamente ninguna prueba que llevarse a la boca, ya viene llorado de casa es el hecho de que Mourinho, después de que el árbitro no expulsara a tres jugadores del Milan y diera como legal el segundo gol de Inzaghi en clarísimo fuera de juego, dijera nada más concluir el partido que él no cambiaba de opinión y que seguía creyendo que Webb era un gran colegiado. Al contrario, la noticia habría sido bautizada como "atraco a mano armada" y hubiera dado diez veces la vuelta al mundo. A mí el asunto arbitral me aburre y cuanto antes demos por hecho que es otro componente más del juego mucho mejor, pero en el Real Madrid no hubo nadie que llorara por lo del miércoles mientras que en el Atlético el de los colegiados es un asunto recurrente. No señor, no es lo mismo de ninguna manera.

Chu4che, por otro lado, me afea mi conducta al no haber comentado nada del gol de Higuaín, el número 700 del Real Madrid en Copa de Europa a lo largo de toda su historia. Excepción hecha, y por motivos obvios, de las de Raúl, servidor no está demasiado pendiente de las efemérides. Sí hay sin embargo una cuestión que me llama la atención de algunos antiraulistas y es que cuando el capitán iba batiendo registro tras registro y aquí se iban reseñando a salto de mata, porque necesitaría veinticinco horas al día para recogerlos todos, se me acusaba de anteponer los intereses de Raúl a los del club. Me alegré, por supuesto, del gol de Higuaín; me alegré porque suponía la victoria momentánea del Real en San Siro. No me importa que me pasen al cobro facturas por lo que digo pero que se interprete incluso lo que callo me parece "demasié". Gonzalo marcó el 700, pero los otros 699 no fueron todos suyos.

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