El penúltimo raulista vivo

Contra Florentino Pérez vivían mucho mejor

El galáctico es Florentino Pérez, que hoy cumple novecientos partidos oficiales como presidente del Real Madrid, muy lejos aún de los 1.400 de Santiago Bernabéu. Lo es pese a que haya madridistas que le afeen que quiera hacer un estadio mejor, después de ser por cierto cuestionado por pretender levantar una nueva ciudad deportiva, de la que hoy no existen quejas que se sepa, o aunque tenga que aguantar en una asamblea de socios que le digan a la cara que quiere convertir el Bernabéu en un campo temático al más puro estilo de Walt Disney: no han entendido nada, por supuesto. Como, por cierto, tampoco entendieron nada aquellos socios que le dijeron a don Santiago que era un iluminado y que se iba a estrellar por querer levantar un campo nuevo. Yo creo que a don Santiago sí le acabó afectando que, pese a sus años de servicio desinteresado al mejor club deportivo de la historia, que cuando él llegó era uno más, le compararan por la calle con Idi Amin, pero me da la sensación de que con Florentino han pinchado en hueso.

Por responsabilidad y por hastío cedió los trastos pero quien los agarró, Ramón Calderón, una de esas sombras negras a las que antes hacía referencia, llevó al club a sus cotas más altas de desprestigio social, y tuvo que volver. Como madridista que soy, rezo todas las oraciones que sé para que el nuevo Bernabéu tarde mucho tiempo en ponerse en pie porque tengo la impresión de que, cuando eso suceda, después de 41 títulos entre fútbol y baloncesto, a Florentino Pérez le quedará poco más que hacer y nada por demostrar y quién sabe si dirá adiós. Quién sabe. Ojalá que no. Por eso digo que, con sus luces y con sus sombras, el galáctico es indudablemente Florentino, que cuando llegó al club tuvo que avalar con su patrimonio personal para salvar al Real Madrid de una situación económica muy peligrosa. Insisto: muy peligrosa.

Hoy, novecientos partidos oficiales de fútbol más tarde, el equipo blanco resiste al invasor, que es el jeque o el millonario ruso o chino de turno, es capaz de competir con los más adinerados sin pedir préstamos a nadie, tiene una imagen de marca consolidadísima a nivel mundial y viene de ingresar casi 800 millones de euros en la pasada campaña; hoy, novecientos partidos oficiales después, el Real Madrid Club de Fútbol continúa siendo de sus socios, también del que hizo uso de la palabra en la última asamblea para decirle a Florentino Pérez que el nuevo estadio como nave espacial estaba muy bien, "pero esto es el Real Madrid, no Star Wars". Y es que, aunque pueda parecer un poco paternalista, y probablemente siéndolo, hay muchas veces en que a los madridistas hay que salvarlos de ellos mismos... y para eso está ahora Florentino.

Porque, sobre todo cuando no se gana nada con el primer equipo de fútbol como todo hace indicar que sucederá esta temporada, detrás de la inmaculada gestión económica y deportiva de Florentino Pérez puede parecer que se esconde cierta inacción, una parálisis que a veces pone nervioso al personal, incluído quien esto suscribe. Quien trata de conectar ahora (porque en los tres últimos años, los de las tres Champions seguidas, nadie sacó este debate) la remodelación del campo con la ausencia de fichajes (millonarios) no está haciendo otra cosa que comprar el argumentario del antimadridismo más rancio, que es, por cierto, lo que un montón de madridistas lleva haciendo desde que el fútbol es fútbol. Hará falta que Florentino se vaya para que, al día siguiente, pidan su vuelta alarmados. Ese día, que ojalá tarde mucho tiempo en llegar, se habrá ido del Real Madrid el auténtico galáctico. Hoy esto suena a oficialismo pero cuando suceda, que sucederá, y corra el turno, que correrá, los madridistas, incluído el de la Guerra de las Galaxias, llegarán a la conclusión de que contra Florentino Pérez vivían mucho mejor.

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